| Forma y no fondo Por: EL INFORMADOR 19 de mayo de 2008 - 23:00 hs Los esfuerzos por mejorar la educación se repiten en cada sexenio sin que lleguen a tocar fondo y resuelvan lo básico, aquello que en otros países o en otras épocas funcionaban mejor y que tiene que ver con ciertos valores que nos permiten ser mejores seres humanos. Pienso en la generación de mi padre (1900-1974), sorprendida por la revolución y el cierre de las escuelas, en donde él en particular sólo pudo hacer hasta el tercer año de primaria. Y yo me pregunto: ¿Cómo es posible que haya podido sobrevivir con esa educación? ¿Qué y cómo fue lo que le enseñaron que con sólo esos tres años de educación primaria pudo ser primero un buen vendedor en Pemex y luego, hasta el fin de sus días, un agricultor, lechero y dueño de una farmacia veterinaria para sostener, educar y lograr vivir bien con sus tres hijos allá en Guadalajara? Recuerdo que tenía una letra Palmer envidiable; llevaba su contabilidad y el control de sus vacas; sabía de geografía nacional como nadie y su escala de valores era definitiva. No entendió la modernidad y sólo leía libros que le interesaban, pero fue un hombre, digamos, bien educado. ¿Por qué no hemos logrado este tipo de alumnos en más de un siglo? Ahora lo que aprenden los niños lo borran una vez que han pasado el examen, que es lo único que les interesa: la forma, no el fondo. No logran asociar una cosa con otra, una materia con la otra, como si no les despertaran su curiosidad y sólo les interesara pasar; y a los maestros no les interesa enseñar, sino cumplir con las formas y los reportes que tienen que entregar para que les paguen: forma y no fondo. Los esfuerzos que se hicieron con Enciclomedía concluyeron en tragedia: la versión 2.0 que se terminó en mayo de 2007, completa, refinada y profunda para quinto y sexto años de primaria, se ha quedado en el escritorio de los señores de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la inversión que hicieron se fue directo a la basura. Un paso adelante y dos atrás, sin darle tiempo a los alumnos de comprobar el éxito o el fracaso de esta tecnología donde se interactúa, donde se asocia una materia con otra, se recuerda lo que han visto y donde se sustituye la incapacidad creativa y discursiva de los maestros (hay excepciones) para lograr emocionar a los alumnos para que descubran la geografía o su historia, o la belleza de las matemáticas, y no sólo lean en voz alta los libros de texto —leídos superficialmente— para que les pregunten a los alumnos en medio de la lectura cosas obvias, y es a esto lo que le llaman educación. Yo estuve allí —como atestiguó Goya durante la invasión napoleónica— y no veo cómo van a transformar y mejorar la enseñanza en este siglo, si no se atreven a cambiar lo que haga falta para transformar la educación a fondo. MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista. Correo electrónico: malba99@yahoo.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones