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Martes, 19 de Marzo 2019

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Extraño juego de espejos

Por: EL INFORMADOR


POR MARTÍN CASILLAS DE ALBA


Hay señales de lucha por todos lados y ahora, sin que se haya declarado una guerra civil, se parece, en varios sentidos aunque inversos, como las que hubo en 1857 cuando los conservadores rechazaron la Reforma propuesta a la Constitución, en donde se proponía la confiscación de los bienes de la Iglesia y su separación del Estado.

En esos años, lo primero que hizo Comonfort fue acabar con las garantías individuales antes de dar un golpe de Estado que precipitó la confrontación y la guerra de la Reforma, o de los Tres años, de 1857 a 1861.

Años de guerra que agotaron y empobrecieron más al país que tuvo que suspender los pagos de su deuda externa y Napoleón III, ni tardo ni perezoso, decidió cobrársela a lo chino y por eso mandó a su ejército para abrirle cancha a Maximiliano para que fungiera como emperador, al tiempo que Juárez mantenía la Presidencia en una Berlina, mientras recorría todo el país. Hubo dos gobiernos en paralelo hasta que muere Maximiliano fusilado y se prepara el camino para don Porfirio, quien se instaló en la Presidencia durante 31 años, de 1876 a 1911 con breves intermedios, bajo el amparo de un paternalismo integral.

Todo esto se parece a lo que está sucediendo ahora, pero en un extraño juego de espejos, todas las imágenes se revierten y los actores ahora se disfrazan, como en el carnaval, para que lo que se supone que es, resulte al revés, y la llamada izquierda sean los conservadores que se niegan a la modernidad y a las reformas y ahora son los que pretenden dar un golpe de Estado; el Gobierno laico de Jalisco patrocina, con dinero de los impuestos, las obras de la Iglesia; se violan las garantías constitucionales y toman a la fuerza la tribuna del Congreso que, apenas liberado, se encuentra bajo amenaza —como secuestradores—, de volver a tomarla si no cumplen con sus indicaciones, como el "mocha orejas", como los secuestradores que ahora entran campantes de la vida, a un gimnasio por una de sus víctimas tal como lo hicieron en Monterrey, sin que nadie pudiera o se atreviera a hacer algo. La impotencia frente a la violencia, sí, eso es, impotencia para resolver esta guerra solapada que empobrece a México.

Además de esta otra guerra declarada —como nadie se había atrevido— en contra del narcotráfico y en esa lucha frontal nos damos cuenta hasta dónde se ha infiltrado los narcos en la sociedad: todos los días anotamos las víctimas que caen en los enfrentamientos —o por la espalda—, como en el siglo XIX anotaban las bajas de sus ejércitos.

Una lucha declarada abiertamente y, la otra, solapada que elimina las garantías individuales y toma la tribuna de la democracia en donde se supone que estamos inmersos. Dos estrategias parecidas: una, como las de los narcos que secuestran personas y otra que secuestra las instituciones para intentar acabar con la democracia.

MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.

Correo electrónico: malba99@yahoo.com

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