Jueves, 30 de Octubre 2025

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Expropiación

Por: EL INFORMADOR


Con la temporada de lluvias muchos sueños se cumplen, buenos y malos; entre estos últimos la esperanza de que ahora sí tal o cual antigua casona se venga abajo, si no ¿para que se taparon intencionalmente los bajantes de las azoteas?

La lista de casas antiguas abandonadas por sus dueños en el centro de Guadalajara es enorme. En ocasiones se trata de personas carentes de capacidad económica para arreglarlas, pero también hay personas carentes no de dinero, sino de dignidad y de respeto por la ciudad en la que tienen sus bienes; en cambio les sobran intereses, y especulan, ante la imposibilidad de tumbar sus propiedades para hacer estacionamientos pavorosos como tantos que a la fecha existen.

Es sólo uno de entre tantos problemas que enfrenta el Centro Histórico de Guadalajara, pero sin duda uno de los más visibles y significativos, y el que mejor expresa la indolencia de propietarios y autoridades. A unos y otros seguramente les hace falta viajar, en el sentido que a este término le da Saramago, es decir, viajar para conocer, comprender, compartir y aprender, que hacerlo para sacarse fotos es cosa de turistas, no de viajeros. Entonces aprenderíamos de la creatividad, sentido de identidad, y amor a la propia ciudad de tantos otros ciudadanos que han hecho incluso de centros históricos pequeños, verdaderas joyas, y no muladares como hacemos nosotros.

Que a los dueños, la única solución que se les ocurra sea dejar caer sus propiedades, revela una estrechez mental impresionante. Que la autoridad solamente sepa prohibir y congelar, revela igual cortedad de miras. Pero también demuestra su incapacidad para hacer valer su autoridad en beneficio de la ciudad. La creatividad debería llevar al ofrecimiento de créditos hipotecarios para los dueños que carezcan de recursos a favor de la restauración de sus fincas, de estímulos financieros, de apoyos para la remodelación y redensificación poblacional del centro, de mejoras urbanas que faciliten esa repoblación, de un volver a apreciar el estilo de vida de las gentes de antes que supieron construir casas acordes al clima de Guadalajara, de techos altos y patios interiores, tan lejanos de ese hacinamiento asfixiante de los condominios, aún los de lujo.

Pero ejercer la autoridad, en última instancia, también significaría expropiar aquellas propiedades cuyos dueños pudiendo restaurarlas, no lo hacen, y aplicar la misma norma a quienes indolentemente las han dejado caer, pues más valdría llenar de plazoletas el Centro Histórico que tenerlo lleno de casas a medio caer o de pegostes estilo Chicago; en este punto el Centro Histórico de la Habana tendría mucho que enseñarnos.

Que los señores arquitectos “tapatíos” tengan al respecto diversidad de opiniones, es cosa sabida, como también es sabido el poco respeto que muchos de ellos tienen hacia la opinión y el sentir de los ciudadanos; el sueño ideal sería lograr el mayor consenso, lo mismo con señores teóricos, que con las personas dotadas de sentido común, en favor de la Guadalajara histórica, y hacer que las autoridades cumpliesen su parte, para que la historia no apague la vida, ni la vida destruya la historia.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

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