Jueves, 23 de Enero 2020
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Espacios potenciales

Por: EL INFORMADOR


En algún momento entre los últimos dos años, la población humana, por primera vez en la historia, ha dejado de ser mayoritariamente rural y se ha vuelto predominantemente urbana (en América Latina la balanza se había inclinado ya algunos años atrás). La urbe se volvió el centro de gravedad de la Humanidad desde que nuestros ancestros se volvieron sedentarios tras dominar el cultivo agrícola.

Antes de que hubiera ciudades, había campos; ecosistemas naturales. Bosques, praderas, arroyos, desiertos, selvas, costas. Cada lugar con sus ciclos de frío, calor, lluvia, sequías. Al cimentarse las ciudades, siempre se hace sobre territorios cuyas condiciones preexistentes han marcado los rasgos de su funcionalidad natural.

Clave para todos los asentamientos humanos ha sido el agua que les permite sobrevivir. No hay ciudad prominente que esté desprovista de su asociado cuerpo hídrico primordial; río, lago, mar. La calidad de la relación de la ciudad con sus fuentes de agua incide directamente en la calidad de vida y convivencia entre sus ciudadanos y sus espacios públicos.

Para las ciudades mexicanas, empezando con la capital megapolitana, la relación con el agua es una desconcertante desvinculación general de procesos, valores, oportunidades. En particular para Guadalajara lo que había sido uno de los principales motivos para la fundación inicial de la ciudad, se vuelve justo su contrario. Así, el Río San Juan de Dios, cuyo nombre original era el Río Guadalajara (le dio nombre a la ciudad) se volvió el drenaje de los desechos, y se le tuvo que entubar para controlar sus insoportables hedores.

Los arroyos del Valle de Atemajac se volvieron calles cuando no fueron rellenados para el mercado de inmuebles. Por esto abundan tantas inundaciones cada temporada de lluvia y hay tantos reacomodos de suelos que falsean los cimientos de las construcciones. Ejemplos sobresalientes, entre otros, son las plazas comerciales que se erigieron precisamente en lechos de ríos y las casas construidas sobre barranquillas repletas. El agua sigue buscando su camino.

Nuestra ciudad metropolitana aún tiene muchos vestigios subyacentes de su estructura de escurrimientos existente anterior a la urbanización, cuya falta de integración urbana provoca problemas que bien podrían verse también como oportunidades desde otra óptica. En el lugar de calles pavimentadas, a lo largo de algunos de estos corredores, se pueden rehabilitar espacios verdes que además de facilitar el cauce superficial pluvial, serían parques o núcleos de vegetación refrescante (física, social y psicológicamente), pudiendo vincularse entre sí para crear una red de espacios verdes y de movilidad alterna por toda la ciudad.

Se ha calculado que el proyecto podría abarcar toda nuestra zona metropolitana en 15 años, a un costo imperceptible en el marco del gasto global proyectado para los sistemas de drenaje y de transporte público.

La revitalización social y económica en los alrededores de aquellos espacios recuperables sería invaluable para la ciudad, propiciando lugares públicos de convivencia, movilidad no motorizada y vida comunitaria. Existe una variedad de intervenciones puntuales que podrían lograrse a manera de acupuntura urbana, fácil y económicamente. Si queremos elevar nuestro urbanismo hacia mejores alturas, necesitamos planeadores y tomadores de decisiones que sepan y se atrevan a remontarse más allá del piso plano.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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