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Martes, 21 de Noviembre 2017

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Esmog en los tiempos de influenza


Ahora que la alerta de influenza humana atípica ha traído la moda de usar el cubre bocas, se nos revela otro riesgo a la salud que aquí ha importado muy poco a las autoridades sanitarias. Hoy por hoy se hace más notable la suciedad que normalmente respiramos al quedarse prendida sobre la superficie del cubre bocas. Es la típica mugre del aire que encontramos depositada también sobre cualquier superficie común y corriente. La pantalla de la tele, la tapa de la mesa, algún adorno de casa, las hojas del árbol, o simplemente en la grasa de la propia frente del rostro.

El cubre bocas ha delatado a los polvos que andan sueltos en el aire y que por su propio peso, algunos caen adheridos a cualquier objeto dispuesto a recibirlos. Las partículas más pequeñas y ligeras se mantienen suspendidas en el aire y se manifiestan normalmente en las irritaciones de nariz y ojos. Estas sustancias, las ligeritas y las pesaditas, son el soplo que inspiramos a diario en el esmog nuestro de cada día.

La fuente principal de nuestro esmog metropolitano es el escape de los vehículos motorizados. Los coches y los camiones que andan sueltos como hormigas locas, arrancando y parando por toda la ciudad. Éste es el resultado de cómo hemos decidido aquí movernos de un lado para otro. Además, los vehículos no sólo afectan con lo que tiran de su escape, sino también con los polvos que brotan al desgastarse sus llantas y sus frenos.

Estas emisiones nos perjudican más de lo que queremos creer. Lamentablemente, los IMECA que se nos reportan no dicen toda la verdad, pues no incluyen en sus registros toda la gama de sustancias que afectan la calidad del aire. Además de los horripilantes químicos óxidos reportados, el esmog también contiene pequeñas partículas de hollín que entran en los pulmones causando problemas respiratorios. Quienes ya sufren bronquitis, enfisema crónica o asma están particularmente en riesgo. Los niños son especialmente susceptibles a esta contaminación, ya que respiran 50% más de aire por kilo de su peso corporal que los adultos.

Con cada inhalación, nuestros pulmones toman gases y polvos del ambiente. Las partículas más grandes que 10 micrones se atrapan normalmente en la nariz, la garganta y la entrada a los pulmones. Éstas generalmente se eliminan tosiendo, con estornudos o sonándose la nariz. Las que miden entre 10 y 2.5 micrones generalmente se aferran sobre la superficie interior de la garganta (un micrón es una milésima de milímetro y el grueso de un pelo humano mide 60 micrones).

Las partículas de menor tamaño que dos micrones y medio, como las del hollín del humo de los camiones diesel, como los autobuses de la ciudad, las inhalamos hasta lo más profundo de los pulmones y son las más dañinas, porque penetran y se depositan en las bolsas de aire donde el oxígeno entra a la corriente sanguínea, dejando pequeñas cicatrices de las que no tan fácilmente se recupera el tejido. Provocan irritación e inflamación de las vías de sangre y merman la capacidad de nuestro sistema respiratorio para luchar contra las infecciones, incluyendo la influenza actual.

Lo más paradójico de la alerta sanitaria que nos afecta ahora, es que en muchos sentidos las medidas tomadas deberían ser nuestros hábitos normales reales, propicios para que gocemos de una vida preciada, sana y normal.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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