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Domingo, 17 de Noviembre 2019
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Escuadrones de la muerte

Por: EL INFORMADOR

Ser policía es uno de los oficios más ingratos. En el país hay 160 mil policías municipales, 187 mil estatales, cuatro mil 400 elementos de la PGR y 32 mil miembros de la Policía federal. Los más expuestos a la corrupción, por situación geográfica e ingresos son los municipales, ganan en promedio unos cuatro mil pesos mensuales. La mayoría, 68%, tienen una educación apenas básica. Muchos de ellos llegan a las corporaciones por franca desesperación y porque de plano no encuentran otra cosa en qué ocuparse. Me llama mucho la atención esa irresponsabilidad nuestra a nivel social y de Gobierno, de darle placa y armamento a quien no dejaríamos ocuparse de otra cosa.

Independientemente de las declaraciones o de lo controvertido que sea el nuevo presidente municipal de San Pedro Garza García en Nuevo León, Mauricio Fernández, y todas las especulaciones que se han dado posteriormente respecto a la existencia de grupos de inteligencia y “escuadrones de la muerte”. En un punto tiene todo la razón: la tónica de la mayoría de los gobiernos municipales es en pocas palabras “hacerse patos” ante los desafíos de la seguridad. La base de la seguridad no puede seguir dependiendo de los gobiernos municipales, no están en condiciones de garantizarla; si 95% de los delitos que se cometen son del fuero común y cerca de la mitad de ellos están relacionados con el robo, resulta evidente que las policías municipales se encuentran rebasadas.

Hay que tomar muy en cuenta lo que señaló Genaro García Luna en su comparecencia en la Cámara de Diputados: deben ser creadas 32 policías estatales que concentren las actividades y atribuciones de las municipales y a su vez se puedan coordinar eficazmente con la Federación. Los datos para sustentar esa necesidad son rotundos. La mitad de las policías municipales tienen menos de 20 elementos y con la rotación de los mismos, por sus turnos, quedan unos cinco o seis en cada uno.

Pero en el caso del susodicho alcalde de Garza García, la realidad no es tan sencilla. En el mundo real, los supuestos héroes justicieros suelen enloquecer por el poder que acumulan. Comienzan matando a los malos. Se van envalentonando porque nadie les pide cuentas. Al contrario, les aplauden. Este poder los comienza a marear. Sienten, entonces, que tienen licencia para matar a cualquier otro ciudadano incomodo. En una siguiente etapa, ellos mismos se convierten en el crimen organizado. Han aniquilado a secuestradores y narcotraficantes. El territorio está libre y el negocio es muy rentable. Empiezan cobrando un dinerito por acá, otro por allá. Y entonces ya ni el alcalde los controla y hay entonces que traer otro grupo de limpieza para limpiar al anterior. Porque así es la condición humana: los héroes vengativos enloquecen de poder y se convierten en villanos futuros. El cuento de nunca acabar.

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