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Viernes, 21 de Septiembre 2018

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Es la una y sólo llevo una

Por: EL INFORMADOR


Ayer y hoy

Para fin de olvidar tanto crimen, tanta violencia, secuestros y robos que actualmente padecemos, este artículo sólo tratará de pequeñas anécdotas e historias del diario vivir, y aun cuando son cosas sin mayor trascendencia, espero que las disfruten si continúan leyendo.

Hace 50 años, es decir en el ayer, siendo ya maestro de la Escuela Normal de Jalisco, ingresé a la preparatoria, pues quería ser abogado; de entre mis nuevos compañeros de inmediato se distinguía uno “de cuyo nombre no debo acordarme”, por ser notoriamente presumido y, como se decía entonces, “echador”; luego supimos que era originario de la región de Los Altos de Jalisco, pues hablaba y hablaba de su rancho y sus caballos, los cuales le servían de instrumentos para en ellos llevarse a las muchachas del rumbo, y como si fuera Juan Charrasqueado, por sus campos o por donde pasara “no dejaba ni una flor”, de vez en cuando reconocía que a veces no le iba muy bien y así lo expresaba: “Ya es la una y sólo llevo una”, otras veces cuando ya hablaba de dinero parecía el rico Mac-pato, y lamentándose manifestaba: “Son las 10 y sólo llevo ganado 10... mil pesos”, o bien de pronto llegaba y sacando una llave nos decía “toma las llaves de mi departamento, luego regreso, no me tardo, voy a París luego me paso a Londres”,
y era tan cándido que pensaba que le creíamos todas sus mentiras.

Como expresé en el segundo párrafo, cuando ingresé a la preparatoria ya era maestro de la Escuela Normal de Jalisco que estaba ubicada en ese tiempo a dos cuadras, por lo cual les pedí a los alumnos de segundo año que por favor no me pelaran ni me bañaran, pues me daría mucha pena que mis alumnas de la Normal me vieran en esas condiciones; todos estuvieron de acuerdo y no sufrí las novatadas, pero una mañana estando sentado en la escuela llegó un grupo de jóvenes que queriendo divertirse “montaron” a Cándido para que me pelara, el cual llegó con tijera en mano queriendo trasquilarme, por lo cual me vi obligado a decirle que en la calle me pelara; le dejé mi saco a una compañera recomendándole una bolsa de papel donde iba mi quincena, ya que me acababan de pagar, ¡y se armó la bola! Y al grito de ¡pleito, pleito!, nos salimos a pelear; conviene aclararles a mis tolerantes lectores que fue la primera y única vez en mi vida que me lié a golpes con alguien y aclaro: no me pelaron, pero a los tres días todavía me
dolía el maxilar.

Han pasado los años, ya no volvimos a ver al licenciado Cándido, sólo nos enteramos que lo operaron de la cabeza y que cuando salieron los médicos del quirófano les preguntaron cómo estaba el paciente, y sólo dijeron enojados: “No tiene nada, no encontramos nada, ni cerebro ni nada, está la cabeza hueca”, y colorín colorado, estas historias se han acabado.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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