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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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¿Es Dios quien nos falló?

Las lecturas incompletas de la Biblia, o aquellas a las que se les otorga una interpretación de manera convenenciera, frecuentemente nos llevan a criterios abusivos y obviamente equivocados, tal es el caso del gobernante en turno (ignoro de qué cita bíblica obtuvo el recordatorio que nos envió hace un año —a propósito del 10 de mayo—), que en el tema de la influenza también pretende culpar a Dios de lo que él asumió y difundió sin ser voz autorizada, por muy gobernador que sea.

Los tiempos en que el liderazgo se obtenía de manera tradicional, esto es, de acuerdo con la “Teoría del Derecho Divino de los reyes” —según Max Weber (1864-1920)—, dejaron de ser hace mucho tiempo en la mayor parte del mundo, incluso, por supuesto en México, así es que un contador público no tiene capacidad para determinar la posibilidad o gravedad de un brote que puede llegar hasta el grado de una pandemia, a menos que escuche a expertos asesores en la materia —que no es el caso—.

Así, la autosuficiencia demostrada por el gobernador jalisciense en las reuniones del Consejo Nacional de Salud encabezadas por Felipe Calderón, en las que manifestó que “Jalisco no es una excepción sospechosa”, ya que existe un buen número de entidades que tampoco tienen —al 22 de abril— signos de la enfermedad, lo que le permitía pensar que la emergencia nacional declarada era un tanto apresurada.

Sin embargo, hoy, cual penitencia por su baladronada, hasta el fin de semana próximo pasado ha tenido que reconocer 31 casos comprobados de influenza humana, de los cuales le ha costado la vida a varios de ellos (omito la cifra oficial porque ni él se la cree), tiene a muchas familias enlutadas, a miles apanicadas y no está exento de otras más que le han empezado a odiar por mentir en forma tan descarada.

De más está recordar que hasta quiso regañar a las autoridades de la Universidad de Guadalajara por haber ordenado el cierre inicial de clases hasta el 6 de mayo, sin tomar en cuenta que en ella se tiene un Comité Técnico especializado en el cual sí participan personas que saben del tema, cuya experiencia le puede servir de apoyo.

En resumidas cuentas, Dios no falló, existe por ahí un versículo que reza: “Ayúdate, que yo te ayudaré”.
Luego entonces, no era cuestión sólo de escuchar la voz de su conciencia —encarnada en el Cardenal Juan Sandoval— y afirmar que “gracias Dios” en Jalisco no se contaba con el brote de influenza que en la capital del país y en Los Pinos traía a todos de cabeza, sino de acercarse a los especialistas en la materia y tomar las medidas preventivas del caso.

Ojalá que su pecado de soberbia no vaya a ser pagado por más familias jaliscienses.

CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID / Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.
Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx

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