| Entre veras y bromas Por: EL INFORMADOR 10 de febrero de 2010 - 23:00 hs — Pelo en la sopa Triunfalismo. Ésa sería, reducida a su mínima expresión —una palabra—, la tónica de la generalidad de las notas relacionadas con el Lago de Chapala publicadas en lo que va del siglo... y algunos años más. Sin embargo... —II— Comienza el inventario —para irnos por partes, como dicen que aconsejaba “Jack el Destripador”— con los “trasvases” de algunas presas de Guanajuato. Sigue con la gradual recuperación de los niveles de almacenamiento del vaso. Se echan a vuelo las campanas cuando se frustra, virtualmente, el pronóstico de los especialistas, en el sentido de que, al paso que iba, para el año 2003, a más tardar, el lago, entendido como tal, ya no existiría. Aquellos vaticinios catastrofistas anticipaban que, en pocos años, el paisaje de aquel “rinconcito de amor / donde las almas pueden hablarse / de tú con Dios”, estaría sembrado de advertencias para quienes osaran incursionar por ellas: “Cuidado; zona de tolvaneras”. (En efecto: a semejanza de la ex Laguna de Sayula). Después, año con año, las informaciones sobre la recuperación del Lago durante el temporal de lluvias; la recuperación, en consecuencia, del turismo —la principal fuente de ingresos de los lugareños— y la gradual bonanza de una zona que, en el aspecto económico, llegó a estar en terapia intensiva... o punto menos. Ahora, mientras algunas colonias del Distrito Federal y varias poblaciones de los estados de México, Hidalgo y Michoacán fueron declarados zona de desastre, a raíz de las inundaciones causadas por las lluvias de la semana pasada, con respecto a Chapala retorna el triunfalismo, principalmente porque los caudales que aguas arriba dejaron daños, destrucción y muerte como huella de su paso, acá significaron la consabida y nunca suficientemente cacareada “recuperación” de los niveles. —III— Sin ánimo de estropear la fiesta, faltaría decir que Chapala es, en efecto, un sitio encantador... para la vista. No tanto, en cambio, para el olfato, el gusto y el tacto. Si el Lerma recoge, mezcladas, las aguas pluviales y las aguas negras de las poblaciones y colonias inundadas, y si las plantas de tratamiento de colectores y drenajes de las poblaciones ribereñas funcionan mejor en informes y en discursos oficiales que en la realidad, ¿quién garantiza —y quién puede probar— que el supuesto lago (que sigue siendo, por cierto, la principal fuente de abastecimiento de agua “potable” para la Zona Metropolitana de Guadalajara), no sea, en realidad, la mayor cloaca de la República...? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones