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Viernes, 22 de Noviembre 2019
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Entre veras y bromas

Por: EL INFORMADOR

—    “¡Sí se puede...!”

Hay, por una parte, un extenso catálogo de modelos de ciudades —del Primer Mundo, sobre todo— que destinan espacios generosos a la convivencia de los viandantes; es decir, que transforman, de un plumazo, mediante un bando, un decreto o cualquier otro acto de Gobierno, en zonas peatonales las que fueron, desde los tiempos de las carretas tiradas (por favor, que nadie se ofenda...) por mulas, a los vehículos... Hay, por la otra, dentro de los confines de nuestro “pequeño mundo”, un catálogo, igualmente vasto, de las manifestaciones de resistencia, que parecen haberse vuelto sistemáticas, de los ciudadanos con respecto a las decisiones que pretenden tomar los gobernantes.

    (Mal negocio es, en efecto, aquí y en estos tiempos, ser gobernante. Es un negocio que no deja nada...     Salvo dinero, por supuesto).


—II—
El tema de la “peatonalización” de ciertas avenidas, en Guadalajara, no es novedoso. De hecho, el retiro de camiones de varias calles céntricas (Morelos, Pedro Moreno, Colón, Galeana...) y el traspaso de otros espacios (Coronilla, Escorza...) a los transeúntes, ha merecido, a la corta y a la larga, el aplauso generalizado. Que, ya después, algunas de esas calles transformadas en andadores degeneraran en infectos tianguis, y que para “regular” el ejercicio anárquico del comercio en la vía pública hubiera que transformar en mercado el sótano de la tradicional “Plaza de Los Laureles”, al efecto de controlar a las gallinas que se habían salido del huacal, es otra historia.


—III—
Cuando el gobernador Emilio González Márquez soltó, desde que era presidente municipal de Guadalajara, la idea de “peatonalizar” las avenidas Alcalde-16 de Septiembre, desde el Jardín de la Reforma —o de San José— hasta el de San Francisco, hubo quienes la recibieron con simpatía... ¿Que hacia dónde habría que desviar los miles de vehículos que actualmente circulan por ahí?... Ya se vería... (Después, cuando se dijo que el Macrobús sería la excepción, fue obvio que la propuesta original se desvirtuó).

Ahora se estudia la posibilidad de empezar a hacer realidad el viejo sueño de convertir al menos algunas secciones de las calles contiguas a los camellones de las avenidas Chapultepec (la antigua “Laffayette”, a donde iban a patinar los abuelos y bisabuelos de las actuales generaciones de tapatíos) y México, en espacios que fungieran como cafés, fuentes de sodas, bares y restaurantes al aire libre. (En efecto: como en Venecia; como en París; como en Madrid; como en Roma. O, para no ir tan lejos, como en San Luis Potosí; como en Querétaro; como en Coyoacán o en la “Zona Rosa” del Distrito Federal).


—IV—
En efecto: en principio, la idea parece demasiado civilizada para que prenda en Guadalajara. Sin embargo, sendos oasis de ese tipo quisieron ser, durante muchos años, la Plaza de los Mariachis y La Plaza de las Sombrillas; minúsculos intentos de lo mismo siguen siendo los restaurantes al aire libre situados frente a la Catedral o a un costado del Teatro Degollado... Además —y esto es, quizá, lo más importante—, también hay el antecedente de un paso que se dio en Guadalajara a favor de los peatones, que los automovilistas han terminado por respetar porque, después de todo, es más fácil que un automovilista se vuelva peatón, a que ocurra lo contrario: la Vía RecreActiva. Moraleja de la historia: “¡Sí se puede..., sí se puede...!”.

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