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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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Entre veras y bromas

Por: EL INFORMADOR

— “Escenas...”

“Scenes we´d like to see”... Así, “Escenas que quisiéramos ver”, se denominaba una sección que ocasionalmente publicaba “Mad”. Y aunque se trataba de situaciones hipotéticas —bretonianamente ideales muchas de ellas; irónicas, rayanas en lo sarcástico, otras—, la revista humorística estadounidense las refería, desde luego, a las situaciones cotidianas del “American way of life”, la tentación de hacer una que otra transpolación de esas escenas a la realidad mexicana, era irresistible.
—II—
Los lectores asiduos de aquella revista podrían decir si alguna vez, en los momentos estelares de los polémicos gobiernos de Nixon, Ford, Reagan, Bush padre o Bush hijo, por ejemplo, entre las hipotéticas “Escenas que quisiéramos ver” llegó a publicarse alguna relacionada con la eventualidad —inimaginable hasta hace algunos años... aunque por ahí hubiera alguna película que planteaba, acaso en tono profético, esa perspectiva— de que un negro llegara a ser inquilino de la Casa Blanca. De haber ocurrido así, la ya señalada transpolación de esa “escena” al contexto de la realidad mexicana, habría sido, en aquellos años pretéritos que se significaban por la inamovilidad del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como el partido de gobierno (“La dictadura perfecta”, como la llamó alguna vez Mario Vargas Llosa)..., lo absurdo: una victoria electoral del Partido Acción Nacional (PAN).
Del PAN, en efecto, porque, sin desdoro de algunas respetabilísimas presencias en los partidos de izquierda (el Partido Popular en que militaban Vicente Lombardo Toledano, Valentín Campa o David Alfaro Siqueiros, por ejemplo), el PAN de entonces representaba a la oposición por antonomasia. Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, principalmente, eran los Pepes Grillo de la política mexicana. Sus discursos y sus artículos —como los de Carlos Septién García en “El Universal” de entonces— resonaban desde el fondo de la conciencia nacional.
—III—
Independientemente de los aciertos y errores que Barack Obama coloque sobre la balanza, al efecto de que la historia pueda hacer el juicio correspondiente, lo envidiable del caso es que cuando los ciudadanos, en Estados Unidos, llegaron al hartazgo de George W. Bush, tuvieron un candidato en quién depositar sus esperanzas.
Ésa es una de las “Escenas que —también aquí, hechas las correspondientes adecuaciones a la realidad mexicana...— quisiéramos ver”.

JAIME GARCÍA ELÍAS

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