Miércoles, 12 de Noviembre 2025

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Enseñar a decir la verdad

Por: EL INFORMADOR


En una ocasión escuché a un abogado decir que en México se ganan los juicios con las mentiras más bien hechas y creíbles. Es más. Todavía reafirmó que el que más miente, es el que tiene más oportunidades de ganar un juicio.

Es una realidad que en muchos juzgados se vive, desde el que acusa, hasta los testigos se han unido para inventar una mentira, con tal de perjudicar al acusado.

Es cierto que es tarea de los policías, de los agentes del Ministerio Público, de los secretarios y jueces, desmenuzar el caso hasta llegar a la verdad. Pero eso puede tardar muchos años y mientras cometerse muchas injusticias. Incluso la de mantener a alguien en la cárcel y dejarlo allí, mientras se lleva el proceso.

Hace poco un magistrado de la Suprema Corte reconocía que es una lamentable verdad. La mentira y el perjurio siguen siendo un mal endémico en nuestros procesos jurídicos. Y que por ello es indispensable salvaguardar que no se condene a muerte a nadie, ni siquiera se apliquen castigos extremos a los delincuentes, si antes no somos capaces de vivir en la verdad, y aplicarla en nuestros procedimientos judiciales, especialmente los penales.

Porque igual los delincuentes se defienden con mentiras y son capaces de pagar para que todos digan lo que conviene, según sea el caso.

El miedo o la venganza, el odio o la cobardía nos hacen decir fácilmente mentiras.

Nos hace falta la cultura del valor para enfrentar la verdad y sostenerla con carácter.

Desgraciadamente el dinero y el poder compran la mentira y hacen lo que quiera con ella.

Los jóvenes, cuando tienen miedo a sus padres, aprenden que la salida más fácil es mentir. Esconden la verdad, creyendo que nadie se va a enterar de las cosas ciertas.

Pero es un hecho ineludible, la verdad aparecerá algún día, y la mentira recibirá su respectivo castigo.

Necesitamos programas especiales en las escuelas para enseñar el gran valor que tiene decir la verdad. Y ser capaces, incluso de saberla premiar con honor.

Hasta ahora el sistema educativo comete el error de exigir que se auto denuncie el alumno que ha cometido una infracción y cuando lo hace, recibe penas severas, incluso la expulsión. Y eso, en vez de fomentar la valentía y el honor a la verdad, fomenta la cobardía y el afán de esconderse con la hipocresía del cínico.

Ser cómplice de los que mienten, es tanto como ser mentiroso.

Aquel que oculta la verdad se engaña a sí mismo.

Tenemos que cambiar nuestra forma de ser y acabar por ser más amigos de la verdad, que amantes de la mentira y la falsedad.

El perjurio, la calumnia, la difamación, el desprestigio y todos los parientes cercanos de la falsedad merecen una pena mayor.

Tenemos que construir una sociedad y un sistema jurídico, siempre basados en la verdad.

Si queremos combatir a la delincuencia organizada, tenemos que acabar con la mentira y la impunidad de quien sea.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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