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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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En el infierno verde de la selva

Por: EL INFORMADOR

Ayer... y hoy

Estimado lector, ¿nunca ha soñado con hacer un recorrido por el Río Amazonas? Si tiene espíritu aventurero y quiere convivir con tribus indígenas de la selva más intrincada del orbe, continúe leyendo, pues aquí le mostraré cómo, sin correr riesgos mayores o grandes peligros, lo puede hacer, a pesar de que va a estar en el corazón “del país del agua”, la Amazonia, en donde pareciera que el agua lo es todo.

Con la fascinación de lo desconocido iniciemos el recorrido que lo ubicará en plena jungla y en las márgenes del “Río Mar”: de la ciudad de Lima se debe trasladar al puerto de Iquitos, el viaje se hace en avión en vuelo regular, en dos horas y atravesando los altivos Andes estará en él, en plena selva amazónica, encontrará todas las comodidades de una ciudad moderna (cuenta con hoteles de cinco estrellas y de turistas). El clima es húmedo con lluvias torrenciales, donde el río es el único camino para desplazarse por ella.

En las agencias de viajes del puerto, o en Lima, se debe contratar una de las excursiones que ya se tienen perfectamente planeadas; las hay de tres o de cinco días, o bien a todo lo largo del río hasta llegar al Atlántico. Se utilizan barcos pequeños, pero seguros, y desde el primer día lo trasladarán a los albergues que se han construido expresamente para esas excursiones, están cercanos a los lugares que habitan tribus indígenas como los yaguas y los shipibos.

Los albergues son en su totalidad de madera y palma, las habitaciones y el comedor que en general están a dos metros de altura y se comunican por andadores de tablón, son muy seguros y confortables, en su totalidad están “forrados” con tela de alambre: la comida que sirven es sana y variada, le ofrecen la tradicional o platillos exóticos como pirañas a la plancha, iguanas amazónicas y vinos hechos con raíces de árboles y plantas propias de la selva, es decir, es tal como se puede desear.

Durante los días de su permanencia en la selva, el guía que lo acompaña lo pondrá en contracto con los indígenas, y aun cuando vea que lo miran con caras de malas pulgas, son afables y hospitalarios, tratarán de venderle sus artesanías: abanicos de plumas de aves de múltiples y variados colores, llamativas pulseras de semillas, sombreros y cachuchas de fibras y palma y tallas de madera; son amigables y nada ariscos a las fotografías, y previo pago amablemente posan y se retratan con usted. Quizá al no encontrar feroces guerreros apuntándole con sus arcos y flechas lo anterior le parecerá ya un tanto comercializado, pero si desea apartarse un poco de ellos, puede tomar por su cuenta un “autobús amazónico”, es decir, una de las lanchas llamadas “colectiva”, que desde Iquitos salen constantemente a recorrer el río parando donde hay habitantes, pues además de pasajeros llevan a los mercados (enormes plataformas hechas con grandes troncos) los productos de la zona selvática.

Si realiza este viaje, verdadero desafío a la imaginación, habrá estado en el “infierno verde de la selva” y en la corriente de agua más caudalosa del mundo.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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