Sábado, 01 de Noviembre 2025

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Empezar a aprender

Por: EL INFORMADOR


En lectura de ayer (“Milenio”, 22/08/08) encontré que la ONU diagnostica que nuestra ciudad en 2030 lucirá “fragmentada y abandonada”. Me parece una descripción insuficiente, comparada con la que, hace años, el director del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara (UdeG) me confió, al tiempo que se lamentaba de la torpe manera en que se desperdicia el agua y de la estulticia con la que se busca proveer de más agua a Guadalajara, dijo que al paso que vamos, en 30 años, esta ciudad estará en un desierto, sin bosques alrededor, sin agua potable ni posibilidad de traerla sino de muy lejos y a costos impagables, con noches muy, muy frías y días muy calurosos y con poca accesibilidad para traer alimentos, ya que tendrían que llegar también de muy lejos, dado que no habrá parcelas en los alrededores.

Los que vivan aquí, por más ricos que sean, como los habitantes de los pisos 30 ó 50 de esos altísimos edificios, se les terminará la electricidad y tendrán que bajar y subir las veces que sea necesario los numerosos pisos para salir de compras, ir al trabajo, a la escuela y, por más dinero del que dispongan, no podrán comprar el confort que perdieron cuando todos los habitantes de la llamada “Perla de Occidente”, unos abusaron y otros permitieron el abuso de los recursos naturales que una vez la hicieron una habitable ciudad.

El agua, los árboles y el saneamiento del suelo se habrán perdido en aras del desarrollismo urbano, detrás del cual sólo hay millones de pesos transitorios obtenidos por las constructoras, esos que se esfumarán si no hay un desarrollo sustentable. El diagnóstico del Observatorio Global Urbano afirma que de esa ciudad fragmentada huirá la clase media para vivir en cotos cerrados. Mientras el llamado Centro Histórico se verá abandonado y tomado luego por la delincuencia.

Eduardo López Moreno, director del mencionado Observatorio, indicó que las grandes urbes producen generalidades negativas (“ruido y contaminación por ejemplo”) que logran que los habitantes que tienen recursos emigren hacia los suburbios y los cotos hacia una mejor calidad de vida. Esos pobladores al abandonar la urbanización causan que los recaudadores de impuestos pierden ingresos y por tanto, no generen servicios e infraestructura.

Pero López Moreno no se queda en la prospectiva negativa, sino que hace propuestas válidas, ya repetidas y conocidas, pero que parecen no entender los que ejercen la administración pública: “Esta ciudad requiere cambios estructurales, como oferta de vivienda, espacios públicos, zonas más verdes; para atraer inversión se deberá: tener una regulación severa que garantice circulación, lugares de estacionamiento y transporte público y eficaz”. Por más que diversos grupos y personalidades repiten y repiten las medidas sanas que podrían aplicarse a una ciudad como la nuestra, los funcionarios se hacen como Matías Schondube que tiene cinco años y le dice a su mamá que ya no va a ir a la escuela porque él sabe mucho.

Mientras no se haga un compromiso de desarrollo urbano a favor de los pobres, no habrá crecimiento, porque la desigualdad no sólo desestabiliza, sino que es insostenible. Eso y más hay detrás del crecimiento poblacional, y aunque muchos ciudadanos lo repiten, las autoridades creen, como Matías Schondube, que ya saben mucho, cuando ni siquiera han empezado a aprender.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx

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