Viernes, 24 de Enero 2020
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El tigre

Por: EL INFORMADOR

Sólo el tiempo, juez insobornable, dirá si los Juegos Panamericanos de 2011 serán para Guadalajara la bendición de que se habló cuando se logró la sede... o se convierten en una maldición.
—II—
Desde la primera vez que se hizo la intentona de ganar la sede, las autoridades estatales y municipales —eran los días de la “luna de miel” de la sociedad con las administraciones panistas— hicieron hincapié en que no se trataba de una ocasión para darle vuelo, con dinero del pueblo, a la frivolidad y el despilfarro. Se insistía en que había que ver el evento deportivo como un parteaguas en la historia moderna de Guadalajara; como una dorada oportunidad de revertir el evidente proceso de deterioro físico y degradación social de la que fue, hasta hace relativamente pocos años, una de las ciudades más “vivibles” (neologismo de la autoría de Eugenio Ruiz Orozco) de México.
En esa lógica se inscribió el proyecto de sacrificar una barriada vetusta y amorfa, contigua al Parque Morelos —la antigua “Alameda”: uno de los primeros espacios destinados a la recreación en el Centro de Guadalajara—, y construir ahí la Villa Panamericana. Se pretendía que ese proyecto —en expresiones del alcalde, Alfonso Petersen Farah— generara “un contagio positivo” y fuera “el detonante de la recuperación del Centro Histórico” de la ciudad.
El viraje anunciado la semana pasada, “al alimón” entre la autoridad municipal y la empresa que se encargaría del proyecto, en el sentido de que será imperativo “hacer adecuaciones al entorno económico actual” —es decir, abaratarlo—, dígase en contra cuanto se quiera, denota improvisación, manifiesta premura —en nombre de la cual se vale sacrificar la calidad en aras del apremio del tiempo—, revela la carencia de un proyecto integral... y lo más grave: implica la seria amenaza de que Guadalajara, cuyas autoridades, hasta hace unos años, se preciaban de que era “una ciudad sin arrabales” (entendidos como zonas marginales, precaristas, en que sus habitantes, más que vivir, se limitan a sobrevivir... o incluso a malvivir), tenga parte de sus arrabales, paradójicamente, en pleno Centro.
—III—
Ya dirá el tiempo —“supremo juez”, lo llamaba Paul Dukas— si Guadalajara, al “ganar” la sede de los Panamericanos de 2011, no se sacó el premio mayor en la rifa del tigre...

JAIME GARCÍA ELÍAS

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