Sábado, 18 de Enero 2020
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¿El mundo se quedó sin utopías?

Por: EL INFORMADOR

A Benedetti.
Cómo voy a creer —dijo el fulano— que el mundo se quedó sin utopías… que la esperanza es un olvido y que el placer se ha vuelto una tristeza. Cómo voy a creer —dijo el fulano— que el universo es una ruina, aunque lo sea… o que la muerte es el silencio… Si 40 mil niños sucumben diariamente en el purgatorio del hambre y de la sed, si la tortura de los pobres cuerpos envilece una a una a las almas, o si los pobres de solemnidad son cada vez menos solemnes y más pobres… ya es bastante grave que un solo hombre —o una sola mujer— contemplen distraídos el horizonte neutro, pero en cambio es atroz, sencillamente atroz, si es la Humanidad la que se encoge de hombros… cómo voy a creer —dijo el fulano— que el mundo se quedó sin utopías.
Porque Benedetti unió sentido social, amor y solidaridad en quienes, sensibles al Hombre, posibilitan la palabra que llama, que une, sentimientos indivisibles en la construcción de la utopía… “Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos, te quiero porque tus manos trabajan por la justicia… tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada, te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro; tu boca que es tuya y mía… tu boca que no se equivoca… te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía. Si te quiero es porque sos: mi amor mi cómplice y todo… y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos; y por tu rostro sincero y tu llanto por el mundo, porque sos pueblo te quiero… y porque somos pareja que sabe que no está sola… te quiero en mi paraíso, es decir, que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso…”
Y en el exilio, desde su soledad clamaba: “Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces me siento como un acantilado y en otras como un cielo azul, pero lejano. A veces, uno es manantial entre rocas, y otras veces un árbol con las últimas hojas. Pero, hoy, me siento apenas como laguna insomne, con un embarcadero ya sin embarcaciones, una laguna verde inmóvil conforme con sus algas y sus musgos y sus peces, sereno en mi confianza confiando en que una tarde te acerques y te mires… y te mires al mirarme”. Palabras que leídas fueron acompañamiento de emociones que dejaron huella.
Y sin quererse despedir, el poeta dijo: “El cuento es muy sencillo: usted nace, contempla atribulado el rojo azul del cielo, el pájaro que emigra, el torpe escarabajo que su zapato aplastará valiente. Usted sufre, reclama por comida y por costumbre; y llora, limpio de culpas y extenuado, hasta que el sueño lo descalifica. Usted ama, se transfigura y ama… por una eternidad tan provisoria que hasta el orgullo se le vuelve tierno y se convierte en escombro. Usted aprende y usa lo aprendido, para volverse lentamente sabio, y para saber que el fin el mundo es esto, en su mejor momento: una nostalgia… en su peor momento: un desamparo, y siempre, siempre un lío…Pero entonces: usted muere”. Descansa en paz Mario, Orlando, Hardy, Hamlet, Brenno, Benedetti.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx

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