Jueves, 16 de Octubre 2025

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El mundo de las teclas

Por: EL INFORMADOR


Necesitaba dinero, fui al cajero automático que está cerca, pulsé las teclas precisas y, por una amplia ranura, salieron los billetes que pedí. ¡Maravilloso! aunque ya estemos acostumbrados. Pulsé otras teclas y obtuve el estado de mis ahorros. ¡Magia!

Regresé a casa y, en el camino, vi una de esas vitrinas que ofrecen refrescos, busqué la ranura donde se depositan los dineros, eché las monedas, apreté unas teclas y obtuve una botella llena de agua de limón. Fui a otro banco a pagar la luz, el agua, el telecable, etc., y la empleada tocando unas teclas, me informó de cuánto debía. Necesité ir al supermercado y, al salir con mi carrito lleno, la empleada, después de tocar varias teclas, me dijo: “Novecientos 10”. Ya, en la casa, me arrimé a la computadora y oprimiendo las teclas necesarias me fabriqué un artículo, la comida la hice en el horno de microondas movilizando las teclas que indicaba la fórmula gastronómica. Hay muchos trabajos y acciones en los que usamos las teclas: el teléfono, la televisión, la secadora de pelo.

Si de esto nos hubieran hablado hace unos años no lo habríamos creído. Pulsando las teclas de la computadora no sólo logramos comunicarnos con nuestros tíos lejanos sino, además, “visitar” el Taj-Mahal, la Giralda de Sevilla, el castillo de Chichén Itzá, la Torre Eiffel, el Vaticano, las ruinas griegas. Y todo eso sin movernos de la casa. No es lo mismo que estar allí en persona, pero es algo muy importante.

Cuando pienso en estas maravillas me digo que Sherezada ya tenía uno de estos aparatos escondido para hacer volar a los protagonistas de sus fantásticos cuentos.

Aladino tenía teclas para llamar al genio; Alí Baba tocaba una tecla para abrir la puerta-roca de la cueva del tesoro; el príncipe Camaralzamán apretaba unas teclas para ganar batallas y todas las hadas y magos eran productos de unas teclas bien activadas.

En esto estaba cuando, sin darme cuenta, di con el codo a una tecla no programada y en mi pantalla apareció un hombre moreno con turbante que me decía:

—He aquí al esclavo de la computadora, pídeme tres deseos y te los concederé.

¡Qué sorpresa! ¡Tres deseos! ¿Cuáles? En esta situación tres deseos nos parecen pocos.

Pensé rápidamente, temiendo que se borrara la aparición.

—Que todos los habitantes de la Tierra hablemos el mismo idioma, aunque sea el inglés.

—Que todos nos entendamos al resolver los problemas.

—Que todo el mundo coma.

Mi computadora dio un estallido, la habitación se llenó de humo y el genio había desaparecido sin concederme ni un solo deseo. Llamamos al técnico y dijo que había sobrecargado la computadora. Le conté lo de los tres deseos y me miró como si quien necesitara arreglo fuera yo.

Siguiéndome la corriente, me explicó: “En un caso así, se suele pedir mucho dinero, un viaje, una novia buena y bella, pero pausadamente. Las teclas de las computadoras suelen cansarse y los genios también”.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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