Lunes, 27 de Octubre 2025

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El marrazo

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Quizá la mejor crónica del Descubrimiento de América, si algún periodista hubiera participado en la expedición, hubiera aludido a Rodrigo de Triana —el vigía de “La Pinta” que gritó “¡Tierra!” la madrugada del 12 de octubre de 1492— antes que a Cristóbal Colón o a los Reyes Católicos. En el mismo tono, quizás el mejor relato del inicio de las obras que en una primera etapa contemplan la construcción de la Villa Panamericana para los Juegos de 2011, y en una ulterior la resurrección del centro histórico de Guadalajara como zona habitacional, hubiera consignado el nombre del obrero que dio el primer marrazo para demoler el edificio de Baeza Alzaga y Calpulalpan.

—II—

Ese marrazo, prácticamente a tiro de piedra del lugar en que, según la tradición, Nuño de Guzmán, Beatriz Hernández y unas cuantas decenas de vecinos más fueron protagonistas del alumbramiento de la Guadalajara de Indias, representa, por sí mismo, un parteaguas en la historia moderna de la ciudad. Antes —duele decirlo—, el crecimiento, el esplendor y la decadencia de la otrora orgullosa “Perla Tapatía”. Después, la buena intención de que algún día llegue a reconciliarse con su  dignidad pretérita.

A despecho de las respetables expresiones de inconformidad y aun oposición de algunos vecinos del Parque Morelos, puede decirse que el proyecto, anunciado a mediados del año pasado por el alcalde Alfonso Petersen, es la clásica “carambola hecha”. Poco habrá de vivir quien no vea la metamorfosis radical de la zona: la demolición de decenas de construcciones subutilizadas; la construcción de las torres que por unos días alojarán a los atletas que vengan a los Juegos; finalmente, la transformación del complejo en zona habitacional.

—III—

Sólo el tiempo despejará las dudas existentes acerca de la capacidad de las instalaciones hidrosanitarias; la suficiencia de los servicios —comercios, escuelas, áreas de esparcimiento, estacionamientos, vialidades...— que demandarán los nuevos pobladores, y, en fin, el impacto ambiental que significará la mudanza —un éxodo en sentido inverso— de cientos de familias a la zona.

Sólo el tiempo —“supremo juez...”— dirá si esta aventura es un proyecto propiamente dicho... o si es otra ocurrencia que concluye en aborto. (Como la “Plaza Tapatía”, por ejemplo).

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