| El espejo vergonzoso Por: EL INFORMADOR 28 de diciembre de 2008 - 23:00 hs EL CAIRO.- Llegar a Egipto por la puerta de su aeropuerto era entrar a un túnel de pesadilla, que si un visitante lograba atravesar sin caer en una crisis de nervios, podía llegar incluso a disfrutar su estancia. Todavía en la primera parte de los noventa, la llegada a El Cairo era como caer en una espiral de miedos y emociones al tener como experiencia súbita toparse con una marabunta que avanzaba sobre uno descontrolada, para pedir dinero, ofrecer mercancías y sobre todo, gritar todo el tiempo. Esto no sería tan relevante, si uno ha visitado algunos países caribeños, asiáticos o mismo africanos, de no ser que eso sucedía antes de pasar siquiera migración y aduanas. Arribaba uno a un Estado policial, que daba la sensación que miles de ojos se clavaban permanentemente vigilantes sobre uno. El aeropuerto de El Cairo era una jungla. A principios de este siglo, el sistema de desorganización que regía la cosmogonía egipcia ya no generaba un mercado junto a las bandas para recoger el equipaje, sino a legiones de operadores de viajes que se manejaban en las fronteras de la ley, que casi arrastraban a los turistas por migración, aduanas, lo metían en taxis, lo llevaban a sus oficinas en los estacionamientos y ofrecían tours. No fallaban, pero uno nunca sabía cuándo se encontraba haciendo cosas ilegales que resolvían siempre con “mordidas”, que son bastante más extendidas que en México. Pero si la llegada a El Cairo era terrible, la salida, para vuelos domésticos, era peor. El primer control policial —que se mantiene hoy en día— era prácticamente en la calle, en cuya puerta estaban los primeros equipos de Rayos X. Ahí empezaba el calvario. La fila era de uno en bola, cada quien empujaba al otro, y se batallaba a codazos. Luego, la documentación. Las señalizaciones en los mostradores eran de ornato, y uno, a gritos, encontraba dónde se encontraba el encargado de su vuelo. Finalmente, la salida. Todos en una lata de sardinas de 20 metros de largo por 10 de ancho, se arremolinaban cada que alguien gritaba desde un extremo qué vuelo estaba abordando. Parecía zona de pie en los estadios de futbol europeos, donde los cuerpos se mueven como si fueran hojas mecidas por el viento. Pisotones y empujones eran premisa de viajes aquí. El Leviatán, una realidad. El turismo nunca dejó de viajar a Egipto por la riqueza de más de cinco mil años de historia que se puede ver, tocar y oler hoy en sus espectaculares ciudades y monumentos. Al mismo tiempo, había que tener mucho carácter para cruzar sin que los choques culturales fueran demasiado pesados para arruinar el paseo, y porque desde hace poco más de un cuarto de siglo los conflictos políticos internos y el terrorismo, forman parte del paisaje natural de la región. En los tres últimos años, los egipcios cambiaron el metabolismo de su industria turística y le dieron un vuelco radical. El caótico sistema vigente en el aeropuerto, como microcosmos del desastre, fue demolido y reorganizado, hasta convertirlo de un dolor de cabeza a un trámite donde ya no hay lucha cuerpo a cuerpo, existen facilidades para los viajeros, rapidez en los servicios y horarios que se cumplen con regularidad. Los egipcios cuidan bien a su principal generador de divisas, cuyo turismo se incrementó 19% durante 2008, y uno no puede dejar de preguntarse qué sucede en México, donde este año creció el turismo en apenas 3.6%, que es un porcentaje engañoso, porque 40% del total de turismo internacional fueron cruces en la frontera norte. El turismo es la tercera fuente generadora de ingresos para México —detrás del petróleo y las remesas—, y su crecimiento anual es tan bajo que podría considerársele estancado. ¿Por qué será? ¿Por qué es más barato viajar de Europa a El Cairo que de la Ciudad de México a Cancún? ¿Por qué los hoteles de cinco estrellas cuestan menos aquí que en México? ¿Por qué aeropuertos como el de Tijuana están peor que una terminal de autobuses de segunda? ¿Por qué hay otros como el de Monterrey que es indignantemente precario, y unos como el de Guadalajara que luce como mercado venido a menos? ¿O por qué los servicios turísticos son deficientes? Ya ni hablar de la inexistencia de un sistema ferroviario, de una transportación terrestre que dé confianza, y menos aún de la inseguridad: la única noticia recurrente sobre México en el exterior es la guerra contra el narco y la creciente violencia. Uno ya no puede recordar cuándo hubo un Gobierno en México que realmente trabajara por un turismo a gran escala y aprovechara sus dos millones de kilómetros de litorales y playas, sus 56 mil sitios arqueológicos, sus ciudades coloniales, sus maravillas naturales. Cuando un occidental ve a los egipcios y sabe que los musulmanes tienen un sentido muy peculiar del tiempo y los cambios, lo único que puede sentir es vergüenza. Los egipcios entraron este año a competir con España por el turismo europeo; los mexicanos nunca han estado a la altura de los españoles desde hace casi 50 años, y cada vez más tenemos nuevas noticias de mayores rezagos. Pero esto ya no es novedoso. A tantas cosas hemos llegado tarde y en otras tantas nos hemos quedado tan atrás, que la velocidad como nos van rebasando parece el destino manifiesto de un México que, caray, realmente se niega a crecer. RAYMUNDO RIVA PALACIO / Periodista. Correo electrónico: r_rivapalacio@yahoo.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones