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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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Ejemplo a los jóvenes

Por: EL INFORMADOR

Los acontecimientos de los días pasados en el Congreso de la Unión son muestra de una actitud errónea de la clase política mexicana de los últimos años: pretender privilegiar los pactos políticos por encima de la legalidad.

Desde hace ya muchos años, una forma común de obtener beneficios indebidos ha sido romper con normas que son consideradas como “menores” por los actores políticos. Así comenzamos con las manifestaciones en la Ciudad de México en los años noventa, cierres de carreteras, despojos de edificios públicos, marchas para resolver conflictos, hasta bloqueo a obras como el aeropuerto alterno de la capital.

Cuando hechos como estos quedan impunes, el ejemplo a la sociedad es muy negativo, porque queda de manifiesto que hay mecanismos que permiten que la ley no se aplique. Esto es una corrupción a la ley, o mejor dicho un fraude a la legalidad, que es legitimado por la política.

En la construcción de nuestra democracia, la impunidad es el mayor riesgo, y en lugar de avanzar hacia su combate pareciera que los acontecimientos abonaran a fomentarla. Es difícil explicar a un niño mexicano que en el lugar donde se hacen las leyes, las reglas no se respetan, como es complicado explicar por qué todos los días aparecen decenas de personas asesinadas, sin que la autoridad pueda imponer el orden.

Los legisladores y funcionarios públicos, pero sobre todo el Presidente de la República, deben tomar en cuenta que la espiral en la que estamos metidos nos conducirá a una situación caótica, si no nos decidimos a fortalecer el imperio de la ley, y dejamos de lado la simulación.

La páginas de los periódicos, como las notas en los noticieros, son una amplia colección de casos de impunidad y simulación. Si hacemos una revisión de una publicación en unos minutos y distinguimos la información que implica en sí misma un acto de impunidad, corrupción o simulación, nos sorprenderemos de ver cómo estamos rodeados de un ambiente que evade la aplicación rigurosa de las normas.

Éste es el escenario en que estamos formando a las nuevas generaciones, son ellos los que perciben con mayor agudeza los mensajes que se envían a cada momento, que muestran que hay una salida lateral a los problemas; que el camino del esfuerzo y el trabajo debe ser evitado para privilegiar la astucia, y la habilidad para hacer trampas que son vistas como atajos válidos.
Por eso los legisladores, como los órganos de procuración de justicia, los responsables del Gobierno de las comunidades deben tomar en cuenta que en cada declaración, actitud, palabra y acción que emiten están transmitiendo un ejemplo a la juventud, que poco a poco se desencanta de la vida pública.

La degradación de los temas de la vida pública en la escala que percibe la opinión pública es un hecho ganado a pulso, que costará mucho recuperar. Los escándalos que parecen sólo cuestiones superficiales, se convierten en testigos de una historia de simulación e impunidad en capítulos cotidianos, que degrada la conciencia solidaria, y exalta el egoísmo que corroe a las instituciones.

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