| ENTRE VERAS Y BROMAS Por: EL INFORMADOR 20 de enero de 2010 - 23:00 hs — “Pa’l santo qu’és ¿En qué manual básico de aprendiz de gobernante pueblerino habrá leído, o qué rústico cacique de aldea le sopló al oído al gobernador Emilio González Márquez —con todo respeto— que pueden ponerse parches, con iguales o mejores resultados para efectos prácticos, y, sobre todo, con un ahorro significativo, donde puede hacerse obra...? ¿No se habrá sacado de la manga esa baraja truculenta, supondremos, de alguna de las no por inéditas menos celebradas consejas de su ilustre paisano, Don Diego Romero, nada menos que el celebérrimo “Alcalde de Lagos” por antonomasia? —II— Se hablaba, en rueda de prensa, de las asignaturas pendientes que aún hay con respecto a los Juegos Panamericanos del año próximo en Guadalajara (y anexas). Se hizo referencia a la Villa Panamericana, que ya se construye en los terrenos de “El Bajío”, a despecho de la resistencia de algunas asociaciones civiles, reacias a que Guadalajara demuestre que sí está hecha para las grandes empresas... aunque la historia se emperre en probar lo contrario. Se aludió después al estadio de atletismo... Y fue ahí que el señor gobernador se proyectó. En lo que los reporteros terminaban de plantearle la pregunta, él debió recordar que, de cara al Mundial de 1986 —que a México le cayó del cielo, a raíz de la declinación de Colombia—, el entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol (“de cuyo nombre...”, etc.) declaró —metafóricamente, desde luego— que México, con la infraestructura de que disponía desde que fue sede del Mundial de 1970, podía ponerse a la altura de las circunstancias “con una brocha y un bote de pintura”. Y fue entonces que le salió —¿cómo decirlo amablemente...?— lo pragmático. Declaró, primero, que no hay prisa... Y que, además, viéndolo bien, si en tres meses se pueden colocar tribunas, de la capacidad que se requieran, en torno a la pista de la Unidad Deportiva Revolución, por ejemplo, ¿qué caso tiene hacer gastos innecesarios y meterse en las arengas de construir un estadio nuevo? (Sólo le faltó decir: “Total: pa’l santo qu’és y los milagros que hace...”). —III— Insólito. Un gobernante que antepone el ahorro —de dinero del pueblo— a la posibilidad del despilfarro (y las respectivas “mochadas”, desde luego) y a la tentación del lucimiento personal, a partir de la creencia de que toda obra pública es algo así como el pedestal, para efectos de la historia, del político que la perpetró... ¡Ni Ripley lo creería! Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones