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Martes, 12 de Noviembre 2019
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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

— Con razón...

A manera de preámbulo: hace algunos años, Alfonso Arau —humorista y cineasta mexicano— incursionó, también, como mimo. En una de sus rutinas era un pollo en vías de salir del huevo. Atrapado en un espacio que lo asfixiaba, realizaba los movimientos que le exigían sus extremidades, suficientemente fuertes y desarrolladas. Alas, patas, pico y cabeza se topaban con aquella barrera atroz... Cuando conseguía, por fin, romper el cascarón, el ala que lograba liberarse primero, se movía frenéticamente hasta abrir un hueco más amplio. Cuando, por fin, asomaba la cabeza, abría los ojos. Dedicaba unos segundos, que parecían eternos, a conocer el mundo exterior. Finalmente, externaba su opinión acerca de su nueva realidad: un alarido estentóreo, un movimiento como para regresar a su condición anterior... y la súbita oscuridad total en la sala.

—II—

Se publicó en días pasados un diagnóstico de “académicos y especialistas” acerca del estado de ánimo de los mexicanos con respecto a su futuro. País con fama de “atravesao” —lugar común convertido en himno por las canciones folklóricas... ahora en franca decadencia merced al auge de la música de banda—, sorprende el vocablo que se escogió a manera de común denominador para esa especie de retrato sicológico hablado generalizado —permítase la expresión— de quienes fueron elegidos por el azar, el destino o la Providencia, como se prefiera, para habitar esta polvorienta porción del planeta: desesperanza.

En efecto: es cuestión de abrir los ojos: la inseguridad y la corrupción cada vez más generalizadas; las posibilidades de ejercer el derecho a la salud, cada vez más restringidas; la educación, cada vez más deficiente; además, desvinculada de las realidades del mercado laboral; el empleo, insuficiente y mal remunerado; la crisis de liderazgos políticos, empresariales o religiosos, escandalosa; la deshonestidad y la incompetencia institucionalizadas en el aparato gubernamental, ídem; el abandono del campo y la emigración masiva a las ciudades que convierten al ser humano, si bien le va, en sobreviviente; la convicción de que sólo los delincuentes de cuello blanco y los oportunistas que consiguen pegarse a la ubre del Presupuesto tienen acceso al éxito; el agotamiento y la ruina incontenible de los recursos naturales; la cíclica transición de las ilusiones ciudadanas a los desencantos sexenales...

—III—

Cabe la moraleja implícita en la fábula pánica del pollito de Arau: ¿No será que ya estamos en el infierno que merecemos por los pecados que cometimos en alguna de nuestras vidas anteriores...?

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