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Lunes, 18 de Noviembre 2019
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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

— “Y la nave va...”

En efecto: es una blasfemia tomar al vuelo el título de una de las más bellas películas de Fellini (por cierto, el pleonasmo en la frase “una de las más bellas películas de Fellini”, más que obvio, es escandaloso), para aplicarlo, a martillazos, a un tema tan prosaico como el capítulo más reciente del inefable Macrobús con respecto al cual los habitantes de Guadalajara tienen sentimientos encontrados: por un lado, la conciencia de que los grandes —y crecientes— males de movilidad urbana exigen grandes remedios; por el otro, la desconfianza, el recelo o la sospecha de que quizás la fórmula a la que la autoridad decidió apostarle todas las canicas, no sea la más adecuada para las necesidades específicas de los aldeanos a los que aquí tocó vivir.

—II—

Sin más preámbulos: la semana pasada trascendió que los alcaldes electos de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá solicitaron a la Cámara de Diputados etiquetar siete mil millones de pesos del presupuesto que se cocinaba para el año próximo, para un nuevo ramal del Tren Eléctrico Urbano que correría de Tesistán a la Glorieta de la Normal.

Si la propuesta se hubiera avalado, habría sido, tal vez, un golpe mortal para la proyectada línea 2 del Macrobús, que correría por la misma ruta... No hubo tal: sólo se consiguió una partida de 150 millones de pesos; muy buenos para aplicarlos a los estudios preliminares del tren de cercanías —otro proyecto de movilidad para la mancha urbana de Guadalajara—..., pero insuficientes para arrancar una nueva línea del Tren Ligero.

—III—

La resolución de los dueños de la última palabra en cuanto a disposición de los dineros públicos, debilita, pues, la promesa de campaña de los alcaldes electos, de propugnar por un sistema subterráneo —50 veces más costoso que el superficial—, y refuerza al proyectado Macrobús.

Robustece, de paso, la idea que surgió desde que algunas cuadras de la calle Pedro Loza se transformaron en andadores: “peatonalizar” la avenida Alcalde-16 de Septiembre, desde el Santuario hasta San Francisco y Aranzazú... y devolver, de paso, el atrio que se cercenó a la Catedral cuando se abrió la avenida, a mediados del siglo pasado.

(Por cierto: en un cartel publicitario de “Y la nave va”, un solitario remero transporta en una barcaza a un apacible y descomunal rinoceronte... que alguna similitud tiene —salvo en el color, por supuesto— con el dichoso Macrobús).

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