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Miércoles, 13 de Noviembre 2019
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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

— Memorias flacas

Hace unas semanas se hizo, con los consabidos bombo y platillos, el anuncio de que el Ejecutivo federal había encontrado —¡eureka!— la fórmula para matar dos pájaros con un solo tiro: por una parte, atender la añeja exigencia de los críticos de los gobiernos que este país ha padecido desde tiempo inmemorial, de adelgazar el aparato burocrático; por la otra, atenuar el previsible impacto para las finanzas públicas que tendrá, para el año próximo, el desplome de los precios internacionales del petróleo: desaparecer, de un plumazo, las secretarías de Turismo, de la Reforma Agraria y de la Función Pública. Cuando se encendieron las alarmas, en función del desempleo masivo que generarían esas abruptas amputaciones al monstruo gubernamental, se hicieron algunas salvedades: los cientos de prominentes funcionarios y los miles de simples burócratas que se irían a la calle si los cierres de secretarías fueran algo más que un guiño, se reacomodarían en otras dependencias... La “trascendental medida”, así, hubiera sido un golpe de efecto —un pase de magia, pues— absolutamente gatopardesco: “Cambiarlo todo... para que todo quede igual”.

—II—

La madrugada del lunes, del prolongado cónclave y de los desvelos de los “representantes populares” reunidos en San Lázaro, en vez de las esquelas mortuorias de las secretarías supuestamente condenadas a muerte, salió, vivito y coleando... el presupuesto anual —por poco más de 10 mil millones de pesos— para las tres dependencias a las que el Ejecutivo había dispuesto aplicar los santos óleos.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde las más recientes elecciones?... Cuatro meses y 12 días... ¿En tan poco tiempo se olvidó el “compromiso moral” de someter a un severo régimen de adelgazamiento al obeso aparato burocrático?...

¿Se olvidó ya que sería “una prioridad” para los flamantes legisladores recortar drásticamente tanto las costosas campañas electorales como las ofensivas prebendas que tienen los partidos políticos y las inmorales canonjías que impúdicamente se autoasignan los miembros de la “burocracia de angora”?... ¿No que se tomarían medidas, desde las esferas de gobierno, para corregir la injusticia de que en este país sólo haya “mexicanos de primera” (los gobernantes) y “mexicanos de quinta” (los gobernados)...?

—III—

La conclusión salta a la vista: si la memoria de los ciudadanos, en este país, es flaca, la de sus “legítimos representantes” —lo mismo que su capacidad para “honrar” en el “matrimonio” del desempeño de sus cargos los compromisos contraídos durante el noviazgo de las campañas— raya en lo esquelético.

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