Jueves, 30 de Octubre 2025

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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

   — Una más...

Quien se empecina en vivir de ilusiones, está condenado a morir de desencantos. En Guadalajara —¿qué le vamos a hacer?...— sabemos bastante de eso.

—II—

El episodio más reciente (que no, con absoluta certeza, el último): al cabo de cinco años de acariciar el sueño de que la otrora “Perla Tapatía” agregara a la extensa lista de sus orgullos (la belleza de sus mujeres, la virilidad de sus mancebos, la variedad de su gastronomía, el apego de los lugareños a las tradiciones, la primacía de sus equipos en el concierto futbolístico nacional, etc.) la distinción de ser la primera ciudad latinoamericana sede de un Museo Guggenheim, acaba de colarse, sigilosamente, por la puerta de atrás, la noticia de que “Dijo mi mamá que siempre no”.

Al anunciar en Bilbao, el último fin de semana, que “el proyecto que había para Guadalajara está muerto”, el director de Estrategia Global de la Fundación Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, atribuyó a un intangible, “la crisis económica”, el aborto de dicho proyecto.

Como probablemente se recordará, a la idea se le invirtió dinero privado, sí..., pero también, al efecto de solicitar que se realizaran los estudios de factibilidad, dinero público.

Además, claro, de la generosa concesión del Ayuntamiento, de facilitar en comodato el parque Mirador, en el sitio más hermoso de la ciudad: la ceja de la Barranca de Huentitán.

Al margen de las dudas que surgieron, desde el principio, acerca del beneficio que pudiera dejar o del impulso que la construcción pudiera significar para aproximar a Guadalajara al Primer Mundo —o, al menos, para reducir la distancia que lo separa de él—, el aborto en cuestión se agrega a una lista de “ideotas” (aumentativo de “ideas”) que se malogran por angas o por mangas... y que ya va resultando demasiado extensa: los Arcos del Milenio, el Teatro de la Ciudad, el “Ave” (tren rápido México-Guadalajara), etc.

—III—

A los tapatíos —sus autoridades, sus empresarios...— les da por competir. Cualquier pretexto es bueno para tratar de meter a Guadalajara, a martillazos, al Libro de Récords Guinness: desde parejas que se besan en la plaza pública, hasta mariacheros que entonan (eso dicen...) “El Son de la Negra” de manera simultánea.

Al paso que vamos, bien pudiera ser (mejor dicho: “mal pudiera ser...”) que Guadalajara entrara al susodicho Libro Guinness como la ciudad que más proyectos fallidos ha coleccionado en su historia reciente.

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