Domingo, 26 de Octubre 2025

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ENTRE VERAS Y BROMAS

Por: EL INFORMADOR

— Caro y malo

Para el ciudadano común, el vocabulario de los financieros es similar al arameo: incomprensible. Para él, entre la física cuántica y la dichosa macroeconomía, no hay mayor diferencia. Devanarse las meninges tratando de entender los porqués de decisiones como la que tomaron 415 diputados federales —“representantes populares”, según San Lucas—, de incrementar los impuestos que trabajadores asalariados y consumidores deberán pagar desde el año próximo, merced al cacareado “paquete fiscal”, es un ejercicio estéril.

Pretender identificar claramente al malo (o a los malos) de la película, es perder el tiempo... Lo único que al ciudadano de a pie le queda claro, al final del día, es que a partir del próximo primero de enero, cada vez menos centavos de cada peso ganado honestamente —a punta, con demasiada frecuencia, de sangre, sudor y lágrimas, literalmente— le quedarán para satisfacer sus necesidades básicas y para su legítimo disfrute, y que deberá entregar, entre impuestos directos e indirectos, cada vez más centavos a esa monstruosa, intangible y omnipresente entelequia llamada “El Fisco”.

—II—

El ciudadano común capta que pagar impuestos es necesario. Entiende que sólo la contribución de todos permite disponer de los servicios básicos: seguridad, salud, educación...

Entiende que es lícito que quienes proporcionan tales servicios reciban a cambio una compensación digna... Sin embargo, también intuye que la calidad de los servicios que recibe es, vía de regla, inversamente proporcional a su costo: que son caros y malos. Intuye asimismo que quienes administran las finanzas públicas no se caracterizan ni por su eficiencia ni por su honestidad; que son, también, caros y malos. Y no sólo: el ciudadano común sabe, porque es un secreto a voces, que el aparato gubernamental no sólo es obeso —y, por ende, costoso e inoperante—, sino que está infestado de parásitos. Percibe que lo único que en este país se ha institucionalizado, por lo visto, es la corrupción.

Advierte que aquí, antes y después del cacareado “Cambio”, hay dos castas: los listos que gobiernan y los tontos que aún tienen que agradecer que los primeros les respetan —y aun se jactan por ello— el derecho al pataleo.

—III—

Fedro, poeta latino contemporáneo de Jesús, parecía tener la esfera de  cristal enfocada hacia México-2009 cuando decía —más o menos— que “En un cambio de Gobierno, el pobre sólo cambia el nombre de su amo”.

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