| ENTRE VERAS Y BROMAS Por: EL INFORMADOR 13 de octubre de 2009 - 23:00 hs — “Hara-kiri” Abundan los ejemplos ilustrativos, tanto de la facilidad con que los gobernados, a lo largo de la historia, han creído a pie juntillas en las promesas de los gobernantes, como de lo contrario... —II— Los botones de muestra pueden tomarse al azar, conforme vayan saltando, como conejos, de los matorrales de la memoria. Cuando José López Portillo, en su turno al bate como Gran Tlatoani, prometió que defendería “como un perro” la paridad del peso frente al dólar, la aparente credulidad de los medios de comunicación que difundieron la noticia y la glosaron en sus artículos de fondo, contrastó con el escepticismo generalizado de los ciudadanos de a pie. Cuando el mismo personaje anunció la por demás efímera “nacionalización de la banca”, muchos tomaron en serio la más tronante de sus frases: “¡Ya nos saquearon; no nos volverán a saquear!”... Cuando “El Presidente del Cambio” (Vicente Fox), candidato aún, replicó los pucheros del entonces candidato oficial (“Me ha dicho ‘Mariquita’, me ha dicho ‘mandilón’...”), durante un debate televisado, con la afirmación de que “A mí lo majadero se me podrá quitar, pero a ustedes lo malo para gobernar nunca se les quitará”, hubo ingenuos que creyeron advertir, en el fondo de la bravata, una esperanza. Ya el tiempo se encargaría de llevarlos, de la mano, de la ilusión al desencanto. A principios de la actual administración, muchos creyeron —y aún reivindican su derecho a seguirlo haciendo— que la “Guerra contra el Narco” iba en serio... En ese orden de ideas, al anunciarse, en días pasados, la liquidación de “Luz y Fuerza del Centro”, muchos mexicanos querrían creer que la guerra declarada, ahora contra vicios tan arraigados como la corrupción y la ineficiencia institucionalizadas, fuera en serio; que la “cruzada” (por utilizar una de las expresiones predilectas de los gobernantes... a los que pasó de noche, obviamente, que el Papa Juan Pablo II pidió perdón públicamente por las cruzadas, como uno de los mayores pecados históricos de la Iglesia) se haría extensiva a cuantas empresas paraestatales, organismos descentralizados y oficinas gubernamentales se caracterizan por su obesidad, por la corrupción que prohíjan de manera sistemática, y por su ineficiencia. —III— Colofón: Que el gobierno, en su afán de quitarse un callo, se antelleve todo el dedo, es posible. Parecería excesivo, en cambio, que se decidiera a llevar sus afanes de depuración hasta sus últimas consecuencias: hasta el extremo del hara-kiri. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones