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Miércoles, 19 de Septiembre 2018

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¿Dónde está el bien?

Por: EL INFORMADOR


Me preguntó mi amiga Lupita si salíamos de paseo, y yo le respondí enseguida que “No”.

Pero si está el tiempo precioso, brilla el Sol, los árboles están verdes y hay flores por aquí y por allá.

Quedé en silencio. Mi rostro debió de expresar una gran seriedad y Lupita tradujo.

—Parece que tienes miedo.

—Sí —contesté. —Miedo a salir a la calle, al parque. Nadie sabe qué puedo encontrar allí. Vivimos una época peor que las de las guerras. Éstas se hallaban limitadas por un frente, la de ahora no tiene límites. El enemigo se halla en todas partes contra todos y puede salpicar la maldad de sus armas a los más inocentes.

Sí, tengo miedo, como todos los ciudadanos. Uno sale de su casa e ignora si va a regresar. Y así llevamos años y quién sabe cuántos más nos esperan. ¿Dónde están nuestros enemigos? Muy bien escondidos. ¿Dónde están nuestros defensores? ¿Escondidos también? Los encargados de nuestra defensa son gente dudosa de la que no podemos fiarnos. Da pavor y vergüenza cómo muchos individuos comprometidos a acabar con los bandidos, son amigos de ellos y cómplices y los defienden.

Es muy difícil, como está la situación, dar con una solución que arrincone a los malvados y nos veamos libres de ellos y a salvo.

Ya sabe el Gobierno por las marchas del pueblo pidiendo paz, lo faltos que estamos de ella. ¿Quién va a dárnosla? No atinan con esta labor y nuestros enemigos actúan como los peores bandidos.

Lo ocurrido en Morelia lo demostró. Cuántos inocentes perdieron en una lucha que no era tal. ¿Cómo se hubiera podido impedir si el individuo que se hallaba junto a un inocente no daba muestras de ser un asesino?

Debería de haber investigadores que captaran a tiempo las peculiaridades de los agresores y detenerlos antes de que se dispusieran a lanzar el arma asesina.

Gobernantes extranjeros se condolieron de nuestro drama y dieron su sentido pésame a los familiares de las víctimas. Está muy bien. Pero eso no resuelve nada. Estamos encerrados en un círculo sin salida. Nos hieren. Se aprisiona al malvado. Va a la cárcel. Encuentra amigos y se escapa.

¿Cómo es posible haber llegado a este punto del miedo? Porque no sabemos de qué naturaleza es la persona que va a nuestro lado ¿un ser normal? ¿Un ser asesino? No hable usted con él, no responda a sus preguntas. A lo mejor es un ser bueno y normal, pero ¿quién lo asegura? Y si no lo es y su granada escondida es para otro, sus esquirlas pueden alcanzarnos.

Es el terror lo que nos domina.

Vuelvo a repetir, como ya he dicho en otros escritos, que llegar a policía debe ser como cursar una carrera, en la cual la moralidad y el sueldo del alumno sean de verdadera importancia.

Si el policía no tiene la vocación y la instrucción necesarias, así como su salario, estamos perdiendo el tiempo. Nuestros enemigos, además de perversos, demuestran ser muy listos. ¡Cuidado! Es necesario porque nadie nos cuida.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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