Jueves, 09 de Octubre 2025

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Doña Beatriz

Por: EL INFORMADOR

La inteligencia, se ha dicho, es la capacidad de influir sobre las condiciones del momento presente para organizar un futuro provisto de mayor valor o, en el peor de los casos, aliviar el sufrimiento inevitable del ocaso. La acción inteligente se realiza ejerciendo el poder para hacer las cosas que se tienen que hacer; en lo privado y en lo público. Resulta curioso que ahora, en el país que engendró a los supermachos y a los agachados, la persona con más poder para influenciar el futuro nacional es una mujer.

Por disposición democrática, la presidenta nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tiene la oportunidad de abanderar el liderazgo nacional ante la convergencia excepcional de vectores históricos. Tiene, nada menos, el poder para refundar a la República Mexicana.

Nuestra Constitución es lo único que nos hace mexicanos a los que lo somos, por definición. También define al Estado mexicano en cuanto al régimen jurídico y político que adoptamos sobre el territorio cuya soberanía precisamos frente a las demás naciones del mundo. Así, tras independizarnos de la corona española constituimos la primera República Mexicana. Luego, tras perder dos terceras partes del territorio nacional, y buscando emerger en la modernidad, en 1857 constituimos la segunda República Mexicana. Cumpliendo el siglo de independencia nos abocamos a reconstituirnos por tercera vez en la Constitución vigente desde 1917.

Cada vez que nuestra República se rehace, ha sido tras la discordia de los pleitos sangrientos. Es también el caso de la mayoría de los países cuyas reformaciones se han hecho ante el agotamiento de sus regímenes políticos. Como ejemplo, Francia ya va en su quinta República.

Es ya bien aceptado que a los mexicanos nos apremia efectuar la tan postergada e inminente reforma del Estado, de nuestra Carta Magna y su consecuente concertación en una nueva República. Sería nuestra cuarta. El régimen nonagenario que vivió su cúspide el primero de enero de 1994 y comenzó su desplome en la tragedia de Lomas Taurinas, está deshilachado desde 1997 (cuando el Congreso se pluralizó). Sus patadas ya son de ahogado.

Para reformar al Estado habrá que rehacer íntegramente la Constitución. Y para modificar nuestra Constitución legalmente y en buena concertación pacífica se requiere de la votación mayoritaria, primero en la Cámara de Diputados, luego el Senado, y finalmente la aprobación en los congresos estatales a razón de dos terceras partes. El PRI tiene en puerta poderlo hacer, poderlo realizar bien. No el repetido parcheo demencial cuyo tijereteo nos ha dejado un traje de garras que no convence a nadie que lo examine inteligente y ecuánimemente.

No es que el priato vuelve, sino que el PRI tiene la oportunidad de terminar bien su destino. La parte institucional de su nombre. Parafraseando al sabio antiguo Éfeso, no se puede sufrir el mismo priato dos veces. Como las aguas del río, lo que ya pasó, ya pasó. Aquella nuestra dictadura perfecta que inspiró a soviéticos, maoístas y demás imitadores populistas se nos ha quedado atrás. Ya se nos ha roto la silla del águila que sostenía la tríada cómplice del Estado-Gobierno-Partido Oficial. No en balde, nuestra clase política anda como gallina descabezada. Ahora estamos con la página en blanco listos para escribir una nueva historia futura. Si no apuramos, se nos puede manchar de rojo, otra vez.

Permitiendo la analogía, nuestro país está embarazado. Lleva nueve años. El parto se acerca. A doña Beatriz Paredes le toca gestionar el alumbramiento.
Enhorabuena.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO/ Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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