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Sábado, 16 de Noviembre 2019
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Discurso realista

Por: EL INFORMADOR

Los tiempos cuando desde la clase política se emitía un mensaje y la sociedad receptora ya sabía que sería o se haría al revés, deben terminar. Creo que no tengo que ser muy explícita, pero daré un ejemplo.

Probablemente el lector recuerda que cuando el Presidente de la República exaltaba de manera pública a algún secretario de Estado, lo más seguro era que en los días subsecuentes presentara su renuncia por motivos personales.

En el momento de escuchar las loas, recuerdo comentarios como “Mmmm, este ya cayó de la gracia del Presidente” o “¿en cuánto tiempo crees que le pidan su renuncia?”.

Hemos crecido con este discurso al revés y más o menos nos hemos convertido en expertos intérpretes de los mensajes entre líneas de los presidentes o de los gobernadores o de los legisladores, en fin, en general de los integrantes de la clase política mexicana.

Insisto: esto debe terminar.
La sociedad ha madurado, de eso estoy convencida, pero los vaivenes político-electorales, la esperanza del año 2000, la desilusión inmediata, los errores, la corrupción y el desaliento que priva en estos momentos de manera generalizada, están alimentando en mucha gente la desconfianza y la falta de credibilidad, cebadas además con la crisis económica, política y social por la que transitamos.

El preámbulo tiene que ver con un hecho reciente que deja de manifiesto que la clase política en realidad no ha cambiado. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, aseguró que México no supo manejar la crisis. Y en realidad Stiglitz no descubrió el hilo negro. Habló de la urgencia de regular el sistema bancario y financiero, dotar de créditos a pequeñas y medianas empresas y, entre otras cosas, de no estar a expensas de que Estados Unidos se recupere para que a nosotros nos vaya bien.

Y entonces, raudo y veloz, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, recurrió al discurso al revés, que ya nadie cree (unos cuantos quizá, siempre hay excepciones) para decir que Stiglitz está equivocado y que no había opciones; alguien dijo que el economista debía leer más sobre México, en esa proclividad a buscar consuelos.

El discurso al revés también se usó cuando se dijo que la crisis de Estados Unidos y luego mundial no nos afectaría porque la economía mexicana estaba más sólida que nunca. Ahora sabemos que no fue así y que en realidad el Ejecutivo federal y sus colaboradores más cercanos ya lo sabían, pero habría elecciones el 5 de julio y no se podían dar el lujo de pagar el costo electoral, que de todas maneras pagaron.
Necesitamos discursos realistas, necesitamos verdades.

LAURA CASTRO GOLARTE / Periodista
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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