| Dilema Por: EL INFORMADOR 16 de diciembre de 2008 - 23:00 hs ENTRE VERAS Y BROMAS Alguien dijo que la moralidad de una sociedad puede medirse por la cantidad de mendigos que hay en la vía pública. Alguien más observó que las sociedades modernas se distinguen de las antiguas por su capacidad para disfrazar a los menesterosos... ¿De qué?... De “franeleros”, limpia-parabrisas, traga-fuego, saltimbanquis, malabaristas, cantantes en los camiones: de cualquier cosa... La gama es infinita: va desde el pedigüeño tradicional, minusválido o no, que demanda “una caridad por el amor de Dios”, hasta malabaristas que seguramente lo harían bastante bien en un circo... si hubiera suficientes circos para emplearlos a todos. Y, por supuesto, cantantes con más facultades y mucho mejor repertorio que muchísimos sedicentes “artistas” que graban basura químicamente pura y aún la venden al por mayor. —II— Limpia-parabrisas y “franeleros” están en vías de volver a los primeros planos de la información. Los primeros ya tuvieron espacios cuando la autoridad trató de impedirles ejercer su oficio, aunque legalmente no hubiera motivos para ello. La Comisión Estatal de Derechos Humanos resolvió que quienes ofrecen sus servicios en la vía pública a cambio de las monedas que voluntariamente quieran darles los automovilistas, están amparados por la ley por cuanto ejercen una profesión, tan humilde como se quiera, pero honesta. Los segundos fueron objeto de una “cacería” —tan fugaz como infructuosa— en los inicios de la actual administración municipal en Guadalajara. Las “cruzadas” contra ellos están en vías de reanudarse. En el caso de los limpiadores de parabrisas, por la agresividad con que algunos reaccionan cuando se sienten rechazados. En el de los “franeleros”, porque de alguna manera se apropian de los espacios públicos, obtienen un beneficio económico por permitir su uso... y porque eventualmente son cómplices de los ladrones de autopartes. —III— La autoridad tiene las manos atadas: si se sigue haciendo de la vista gorda ante la proliferación de estos oficios, los ciudadanos la tildarán de incompetente y querrán pasarle la factura en las próximas elecciones; si cumple y hace cumplir la ley —como se supone que está obligada a hacerlo—, la tildarán de represiva, e impulsará a muchos profesionales de lo que eufemísticamente llaman “la informalidad”, a la delincuencia. La autoridad, en otras palabras, está como el cohetero... Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones