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Domingo, 17 de Diciembre 2017

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Desdén

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Hay algo más pesado que la maldición de un vivo: la maldición de un muerto. La primera puede reconsiderarse. La segunda es inapelable... Por ejemplo, la de Eduardo Esquivias Jaime.

—II—

Según las estadísticas oficiales, correspondió a Esquivias el número 16 en la lista de las bajas, en el flanco de los defensores de la ley, en ese trágico juego de Policías y Ladrones que por iniciativa de la autoridad, a la voz de “¡Échenme al gato!”, comenzó a principios de la actual administración.

No es que Esquivias temiera; es que sabía que él, como el resto de sus camaradas, andaba por la vida con un boleto en la bolsa, válido para la rifa de la siguiente bala asesina. Se despedía de su esposa y de sus hijos y salía de casa con la esperanza... pero no con una razonable certeza de volver a verlos.

El domingo, mientras participaba, en su carácter de policía encubierto, en un operativo contra el narcomenudeo en la zona de San Juan de Dios, el camino de Eduardo se cruzó con el de la bala asesina que el destino le tenía preparada... En el tenor de las declaraciones estúpidas que se desprenden de un acontecimiento de ese tipo, ahora se dice que, si hubiera llevado un chaleco anti-balas, Esquivias aún estaría vivo. Quizá... Pero, ¿y si el asesino hubiera apuntado a la cabeza?...

Lo cierto es que, en lo que “las investigaciones avanzan” —frase de machote en los boletines oficiales—, a Esquivias se le cumplió la última voluntad: un funeral con la presencia de sus camaradas... pero sin los funcionarios que “mal pronuncian sus discursos” en esos actos a los que acuden, con su mejor ensayada cara de circunstancias, para efectos de la foto del periódico del día siguiente.

—III—

Al parecer, por lo que se infiere de su desdén, a Eduardo Esquivias Jaime —el enésimo en la lista de los héroes caídos en el cumplimiento del deber— le quedaba muy claro quién se cuelga las medallas correspondientes a los goles a favor en el “clásico” de Policías contra Ladrones... y quién, en el capítulo de los goles en contra, con todo el dolor de sus deudos, aporta los muertos.

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