Sábado, 01 de Noviembre 2025

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Delimitar la realidad

Por: EL INFORMADOR

¿Cuántas veces sucede en la vida pública que no sabemos reconocer los límites entre la realidad y la ficción? El arte a veces nos ayuda para que aprendamos a descubrir sus límites, como puede ser en esta ocasión la obra que Offenbach no pudo terminar y que su familia se encargó de concluir: “Los cuentos de Hoffman”, que este sábado se podrá ver en vivo y en directo desde el MET de Nueva York en el Teatro Diana de Guadalajara a las 12:00 horas, con una nueva producción y sus expectativas.

Offenbach fue un compositor de operetas y comedias musicales que “cumplió la función de remediar la estupidez, darle un respiro a la razón y estimular la actividad mental”.

Hoffman (1776-1822) fue un escritor, jurista, pintor, cantante y también compositor que nació en Prusia y es considerado un representante del movimiento romántico alemán, quien al final de su vida vivía en París alucinando tal vez por el Absinthe o el Pernod anisé que bebía, impotente de delimitar la ficción de la realidad ni el horror de lo sobrenatural de la vida cotidiana —¿nos suena conocido?— incorporando en sus cuentos el “realismo psicológico”, como después lo usaron Poe y Gautier.

Hoffman es el protagonista de esta ópera y les cuenta a sus amigos de la cantina tres cuentos, entre ellos, el del enano Kleinzach, que nos canta en el primer acto:
—Había una vez en la corte de Eisenbach un pequeño engendro llamado Kleinzach, con su gorro en la cabeza y sus piernas que hacían ¡clic, clac!, ¡clic, clac! ¡Ahí está, ahí está Kleinzach! ... con una joroba en lugar de estómago...

—¿En lugar de estómago? —le preguntaron.
—¡En lugar de estómago! Sus pies parecían dos ramas que salían de un saco; su nariz, negra por el tabaco, y su cabeza que hacía ¡cric, crac!, ¡cric, crac! Los rasgos de su cara... ¡Ah!, su cara encantadora! La veo, bella como ese día que corrí tras ella y abandoné como loco mi casa huyendo a través de los valles y bosques... Sus cabellos trenzados y oscuros lanzaban sombras sobre su cuello elegante. Sus ojos azules vagaban, ofreciendo una mirada fresca y pura y, así, como nuestro cuerpo lleva sin mayores sacudidas a nuestro corazón y carga con nuestros amores, su voz, vibrante y dulce, lanzaba a los cielos un canto cuyo eterno eco resuena en mi corazón.

—¿De quién hablas? ¿De Kleinzach? —le preguntaron.
—¿Kleinzach?... ¡No!... hablo de ella.

—¿De quién?
—(Y como si estuviera despertando de un sueño) ¡No, de nadie, de nadie! ¡Mi espíritu se turba... nada!

Cómo brinca la frontera de la realidad y su fantasía en el momento que sale tras ella y no tras el enano en los límites de la realidad y la ficción, como nos pasa cuando andamos pensando en otras cosas.
Tres cuentos tres sobre tres de sus amores: la muñeca Olimpia que canta y baila —divertida o aterradora—; Antonia la cardiaca, y Giulletta con su famosa Barcarola al ritmo de las góndolas.

MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.

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