| ¿Cuál justicia? Por: EL INFORMADOR 19 de agosto de 2009 - 23:00 hs El compadre, muy preocupado por la situación de injusticia y abuso del poder que vivimos en nuestro país, le pregunta a su amigo el maestro lo que pasa: —Ahora sí maestro, que ya no entiendo nada, unos explotan una mina donde no deben, otros meten a la cárcel a inocentes, algunos más roban las arcas del municipio, y en fin, la lista de atropellos parece no terminar ¿Pues qué nos pasa? —Tampoco yo lo sé —respondió el maestro azorado—, pero algo sí le puedo decir, compadre: en México nos gusta la impunidad. —¡A caray¡, y eso ¿qué es? —respingó el compadre—. —Pues algo así como hacer lo que sea, sin que tenga consecuencias, como que se vale romper las reglas y desobedecer las leyes, sin que recibas un castigo. —Maestro, ¿y cómo es que llegamos a eso? —cuestionó de inmediato. —El poder, es el poder. Los que lo tienen sienten que se puede comprar la justicia a su antojo y hacer lo que se les pega la gana, empieza por las mismas autoridades, pasa por los ricos y los más acaudalados y termina en manos de los rufianes y desalmados. La impunidad es deliciosa, te da la sensación de que no va a suceder nunca nada, que hagas lo que hagas, acabas comprando o influyendo para que las cosas siempre estén a tu favor y a tu conveniencia. Sea con dinero, con amigos o con las armas, pero se van a cumplir tus caprichos. Y como se dice por ahí, y háganle como quieran; pero mis chicharrones truenan. —¡Ah, qué bonito país tenemos! ¿No será que nos hemos estancado? —Pues sí —afirmó el maestro—, somos capaces de simular cualquier cosa y finalmente hacer lo que nos plazca. Los mexicanos somos buenos para engañar y acabar engañándonos a nosotros mismos. Tenemos una expresión muy nuestra: “A mí me hacen los mandados”, que quiere decir que soy tan fregón que nadie me hace nada. Sé la manera de salir de todas todas, sin que me pase algo. —¡Uh! ¿Pues así qué podemos esperar? Si no acabamos con la impunidad no vamos a lograr nada. —Así es, mi querido compadre, necesitamos una campaña en contra de la impunidad, pero el problema es que los primeros que no la quieren son los mismos políticos, pues es una de las principales armas del poder. Ya ve cómo roban y hacen tonterías cuando están en el Gobierno y nunca les pasa nada. Ahí siguen y siguen de un puesto al otro y siempre tan santitos. —Y que el pueblo se friegue —asentó la cabeza con mal humor el compadre. —Parece que no hay de otra, mientras la justicia esté del lado del poder y no de la verdad, estamos fritos —remató el maestro con un suspiro de impotencia. Estoy seguro que cuando la impunidad se acabe, daremos un paso adelante en una auténtica democracia. —Eso sí que es soñar bonito, maestro —sonrió el compadre, con aire de burla. GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo. Correo electrónico: dellamary@yahoo.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones