Lunes, 20 de Enero 2020
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“¡Crunch...!”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS             

Eso (“¡crunch...!”) fue lo que se escuchó cuando se quiso hacer, hará 20 años corriditos, el primer recorrido de prueba de lo que más tarde —con el tiempo y el ganchito consabido— sería el Tren Eléctrico Urbano de Guadalajara.

Pero, como dicen que dijo El Mocha-Orejas, “Vámonos por partes...”.

—II—

Refieren los historiadores que el primer paso significativo a favor de la modernización del transporte público en Guadalajara, data de hace más de dos siglos. En 1800, más de 100 años antes de que los lugareños más prominentes perturbaran la pachorra secular de la ciudad al invadir sus apacibles callejuelas y calzadas con los primeros automóviles, se incorporaron a la circulación de bípedos y cuadrúpedos los primeros tranvías de mulitas, de los que aún se consiguen con los anticuarios algunas gráficas... Ya en las postrimerías del siglo XX, al transformarse el eje Moro-Escobedo en la moderna avenida Federalismo, se decidió preservar sus entrañas para un sistema de transporte subterráneo. En su primera etapa, el servicio en cuestión estuvo a cargo de una flotilla de antiguos trolebuses que habían sido retirados de las espaciosas avenidas de Washington a raíz de un drástico programa de descacharrización.

Precisamente en el primer recorrido de prueba sucedió que, en la curva que hace la avenida Federalismo, a la altura de la calle Independencia, el maldito trolebús... “¡crunch...!”. En efecto: se atoró. Y es que desde el “¡Eureka!” del primer genio que pensó en la ampliación de la avenida y en el primer transporte subterráneo para Guadalajara, todo se tuvo en cuenta... excepto el pequeño detalle de que el maldito trolebús, cuando da vuelta, por alguna misteriosa razón —ni modo que digan que al virar se hinche...— requiere más espacio.

—III—

En esas condiciones, que ahora salgan (“Mural”, VI-3-09) con el cuento de que la proyectada Línea 2 del Macrobús no es viable, nada más por el detalle de que los vehículos apenas si cabrían en el trazo actual de la avenida Río Nilo, no va a ser pretexto para que claudiquen quienes están vendiendo la idea como la panacea para los problemas presentes y futuros de Guadalajara y anexas en materia de movilidad urbana. ¡Faltaba más...!

Ya entenderán los pesimistas por qué el lema de los ángeles guardianes de los tapatíos es la frase de La Viejecita del cuento: “¡Che puede porque che puede...!”.