Martes, 18 de Noviembre 2025

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Crema de la belleza y juventud

Por: EL INFORMADOR


El bien más deseado en esta vida es la salud. Su valor lo sabemos cuando nos ataca algún mal. Pero una vez que nos curamos olvidamos la enfermedad como si nuestra curación fuera para siempre, y entonces deseamos la belleza y la juventud, cosas muy importantes que pasan, que se van borrando y ¿por qué?

Podemos decir que la televisión está llena de cremas que, según los anunciantes, cuidan como hadas madrinas de nuestra belleza y juventud, y aparatos gimnásticos que modelan nuestro cuerpo a la perfección y líquidos e injertos que devuelven la cabellera a los calvos.

En vez de perder el tiempo con telenovelas sosas y vulgares de villanas insoportables y niñas buenas tirando a bobas, ganemos ese tiempo viendo cómo con una pasadita de dedos y crema por aquí y por allá desaparecen las arrugas, observando cómo llenándose el cabello con una plasta mágica, desaparecen las canas y puede ser usted rubia, morena o pelirroja.

Cambia el programa y nos muestran cómo a un señor calvo le ha crecido el pelo en las entradas y en la coronilla, que ya le estaban reluciendo de pelonas.

Yo, a veces, me entretengo en ver y oír estas maravillas. ¿Serán verdad? ¿Lo cree la gente? Creerlo, así como creerlo de veras ¡quién sabe!, pero querer creerlo ¡Sí!

La joven que ya no lo es tanto, el joven que ve su peine con cabellos caducos quieren que esa magia sea verdad. Se trata de un anuncio. De una exhibición televisiva preparada. Lo mejor es probar. La prueba en uno mismo nos dirá la verdad.

La estatura también es un importante factor para que la persona sea atractiva. Una dama chaparra soluciona su problema con los tacones altos de sus zapatos, pero ¿qué hace el caballero bajito? Imposible que se ponga calzado con elevados tacones, daría risa.

Esto trae a mi mente un anuncio de la “Agencia Crece” que leí hace tiempo en un periódico, el cual ofrecía al hombre bajo de estatura crecer, crecer rápidamente dos centímetros o algo más.

Mi primo era un muchacho muy atractivo, simpático y cantaba muy bien, pero resultaba bajito. Le llegó el pedido. Consistía en unas plantillas de un centímetro de grosor que se introducían en el zapato. El interesado así crecía un poco. La plantilla podía doblarse y entonces aumentaba dos centímetros o un poquito más.

Dos centímetros es buena cantidad para subir de estatura. Mi primo no se encontró a gusto con esa broma, no se acostumbraba a caminar y, aunque la nueva talla le iba muy bien, desistió de tal trampa. Los creces —así los llamábamos en son de guasa— iban de acá para allá provocando risas, hasta que desaparecieron. Quizás algún chaparro los sustrajo. Hoy podemos parecer bellos y jóvenes con cremas más o menos eficaces, y buenos mozos “crecen” a la medida. ¿Por qué preocuparnos?

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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