Jueves, 16 de Octubre 2025

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Competir, no ganar

Por: EL INFORMADOR


Cuando Pierre de Coubertin llevó a Europa la gran noticia de los Juego Olímpicos de la antigüedad, no se refería a la justa deportiva, sino al gran descubrimiento del método pedagógico griego que los hizo llegar a la cumbre de las virtudes humanas.

El deporte crea carácter, fortalece la voluntad, enseña a ser tolerante y a superar los retos. Principalmente el sentido de perfeccionamiento a que debe aspirar toda persona. Ser mejor cada día, conquistar tus propias metas.

Especialmente los griegos habían encontrado en el deporte el secreto de forjar un carácter valiente, honorable, capaz de vencer el miedo y de enfrentar con arrojo los desafíos de la vida. Por eso es un método de formación de educación, de engrandecimiento de las virtudes humanas.

Se trataba de vencer la amenaza de las guerras infundiendo un espíritu de tolerancia y convivencia entre los diversos pueblos, conteniendo el deseo de luchar y de vencer al enemigo. Por eso se acuña el concepto de tregua. Al promover así que se detenga la guerra y se alimente el respeto entre los contendientes. Que se cierre el corazón al odio y se abra la puerta del valor al respeto.

Los competidores que asisten a los Juegos Olímpicos llevan la representación de nuestro pueblo para convivir en paz entre todas las naciones.

El lugar más importante en la sede de los Juegos es la Villa Olímpica, escenario de convivencia e interacción con hombres y mujeres de todos los pueblos de la Tierra.

Por eso lo más importante es competir, no ir a ganar. Lo que más trasciende es la capacidad de estar allí, de llevar un mensaje de paz a todo el planeta, de demostrar que las diversas razas, religiones, culturas, visiones ideo-políticas pueden estar unidas en el deporte sin despertar ninguna sed de agravio, discordia u ofensa.

Hemos de vencer el deseo de la guerra, el ímpetu por la violencia, el afán de resolver los conflictos humanos empuñando las armas.

Éste es el verdadero sentido de los Juegos Olímpicos, no enviar delegaciones con la tiranía del triunfo ni la consigna de ganar medallas.

Muchas personas se desilusionan porque nuestro país gana muy pocas medallas. Pero no es ése el espíritu que debe reinar en la conciencia de una nación, que debe ante todo sentirse orgullosa de sus representantes y apoyarlos, ganen o pierdan, pues van a la conquista de la paz en el mundo.

En vez de criticar, devaluar o desacreditar tan noble esfuerzo, hagamos una voz con la visión olímpica.

Lo importante es competir, no ganar.

Es estar unidos por el deporte y la creatividad.

Por los valores y las virtudes que engrandecen al espíritu del hombre.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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