Sábado, 18 de Enero 2020
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Ciudadanía y clase política

Por: EL INFORMADOR


En repetidas ocasiones me he referido aquí a la clase política en México, y en sentido crítico. Está en crisis y para la sociedad el asunto no es menor. Se trata de la minoría gobernante e influyente que toma las decisiones —o que las induce— y afecta a toda la nación, es decir, a la mayoría.

En un repaso fugaz, podemos darnos cuenta que la actuación de la clase política, depositaria del poder ciudadano; en teoría, representante popular en la medida en que es “democráticamente” electa y está legalmente facultada para llevar las riendas de nuestro destino, desde hace años está desvinculada de la mayoría.

Nada más por este hecho incuestionable y generalizado (las excepciones son tan pocas que se diluyen), podemos afirmar que la clase política está en crisis.

Es preciso sumar las crisis individuales en el universo de la clase política, integrada no sólo por gobernantes y partidos políticos, sino también por instituciones, entidades y personas que influyen; que desde otros ámbitos ejercen poder y presionan: grandes empresarios, jerarcas de la Iglesia Católica, algunos medios de comunicación y caciques locales.

Con base en la teoría de Gaetano Mosca, expuesta en su libro “La Clase Política”, la minoría que conforma la clase política está organizada, y la mayoría a la que afecta con sus decisiones, no. Ésa es la gran diferencia.

De esto se desprende un indicador más que confirma la crisis en la clase política: cada vez son más los ciudadanos que se organizan a favor de diversas causas ante la evidente incapacidad de los gobernantes para dar respuestas y –vuelvo a Mosca— “de suministrar, cuando menos aparentemente, los medios materiales de subsistencia y los indispensables para la vitalidad del organismo político”.

No es ningún consuelo saber que la crisis de la clase política es mundial; México no es único. Menciono pocos ejemplos: Italia, Francia, Guatemala, Paraguay y Gran Bretaña. Son los más recientes y dejan claro que esta crisis no es privativa de países subdesarrollados o de naciones poderosas.

En este contexto, surge (para mi gusto lentamente, pero por lo menos surge) lo que se conoce como ciudadanía mundial, personas de la calle que asumen su responsabilidad como miembros activos de la Humanidad y cuyas causas también son globales. Esta ciudadanía mundial, más las locales que brotan en todos los países, en todas las ciudades, tendrá que incidir en un cambio radical de la actual organización de quienes habitamos este planeta.

En la inmediatez de los acontecimientos aún no calculamos la magnitud de la realidad y de lo que viene, pero la ciudadanía juega ya un papel fundamental.

LAURA CASTRO GOLARTE/ Periodista.
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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