Jueves, 09 de Octubre 2025

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“Ciudad limpia”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS                

Parecería utópico. Se antojaría tema de película de ciencia ficción. Pudiera pensarse que se trata de uno de tantos capítulos en que Guadalajara, según los augurios de quienes advierten más señales de degradación que de progreso propiamente dicho, tiene la lucha perdida de antemano, como --botón de muestra--, verbigracia, la contaminación del aire, que ha vuelto detestables e insalubres, por pestilentes muchas zonas de aquella ciudad amable que despertaba entre fragancias de “limpia rosa temprana”, y cuyas tardes lluviosas inundaban el aire del aroma característico de “pura tierra mojada”, según el consabido testimonio musical de Pepe Guízar.

Sin embargo, quien recuerda los tiempos en que la entonces Perla de Occidente ostentaba dignamente entre sus múltiples orgullos la etiqueta de “Ciudad Limpia”, se resiste a tirar la toalla sin intentar, al menos, recuperarla... aunque para recuperarla haya que sacarla, literalmente, de la basura.

-II-

Desde hace varios años, una de las pesadillas cotidianas de las administraciones de todos los municipios que integran la llamada “zona metropolitana” de Guadalajara, consiste en qué diablos hacer con las miles de toneladas que diariamente --a razón de kilo y medio por habitante, según los expertos-- generan sus habitantes. Hasta ahora, la fórmula utilizada ha sido la de confinarla, sin más, en los pomposamente denominados “rellenos sanitarios”. La experiencia, por la contaminación del aire y del subsuelo que en ellos se genera, demuestra la ineficacia del sistema... y representa, además, la amenaza de que los vertederos --que eso son: viles vertederos-- en cuestión, sigan siendo, durante décadas, incluso mucho después de que cumplan su vida útil, bombas de tiempo en el aspecto ecológico.

Ahora mismo, la “buena noticia” de la semana consiste en que al tiradero de “Los Laureles” aún le quedan tres años de vida, y que los terrenos aledaños pudieran utilizarse --júrelo, lector amable, que así sucederá-- por siete años más.

La pregunta --“the question”, diría Hamlet-- sería esta: “¿Y después...?”.

-III-

Más allá de empezar a considerar la posibilidad de convertir a la ex Laguna de Sayula --o a la de Chapala, de una buena vez...-- en el próximo “relleno sanitario” de Guadalajara y anexas, el asunto consistiría en poner en marcha el programa que revirtiera la perversa inercia histórica actual. Un programa que estableciera sanciones para quien ensucia ostensiblemente, y para quien no mantiene limpia la porción de la casa común que le corresponde. Un programa que permitiera reciclar todo lo que es susceptible de ello: metales, vidrio, cartón... Un programa similar al que tuvo como pioneros --y como modelo para muchas ciudades de México y de otros países-- a los tapatíos, para transformar la basura orgánica en composta (abono para las plantas).

En eso --entre otras cosas-- piensa el ciudadano común que debería consistir el trabajo de los gobernantes: en desquitar la jugosa chuleta que se adjudican, buscando alternativas inteligentes --“sustentables”, se dice modernamente-- para los problemas peculiares, después de todo, de todas las ciudades del mundo.

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