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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Carcachas

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS                        

Primer acto: la secretaria del Medio Ambiente, Martha Ruth del Toro, anuncia el lunes un programa que obligaría a los propietarios de automóviles de más de 15 años de antigüedad, a someter sus vehículos a dos verificaciones anuales. Eso sería lo de menos; lo de más sería que a esos automotores se les impondrían restricciones para circular en horas pico, con el consiguiente perjuicio para sus dueños.

Segundo acto: el gobernador Emilio González Márquez hace el clásico “quite a cuerpo limpio”, el martes, a los propietarios de automóviles de modelos 1993 y anteriores, al aseverar que el programa en cuestión no podrá llevarse a la práctica porque carecerá de un requisito de forma esencial: su firma.

—II—

A partir de esos antecedentes, la mesa quedó dispuesta para todas las variantes posibles del chiste fácil. O si no, para la crítica: para la funcionaria, por anticipar una medida que afectaría a un porcentaje muy considerable de la población (la Secretaría de Vialidad consigna que casi la mitad de los vehículos que ordinariamente circulan en la Zona Metropolitana de Guadalajara tienen más de tres lustros de uso), habida cuenta de que no todos los propietarios de automóviles antiguos lo son por razones sentimentales o por “hobby”, sino porque su condición económica les impide renovarlos. Y para el gobernador, porque su anuncio podría tildarse de populista, toda vez que el programa anticipado por Martha Ruth resultaba plausible en la medida que se orientaba al efecto de reducir las más importantes fuentes móviles de contaminación que hay en la mancha urbana y que afectan la salud de sus habitantes: los automóviles.

—III—

González Márquez apuntó la solución: modernizar, a la brevedad posible, el transporte público, para convertirlo en una opción viable... Algo que parece razonable y hacia donde apunta el proyecto del Macrobús que comenzará a circular en los primeros meses del año próximo, desde luego, pero que en el corto plazo se antoja utópico. Lo cual, en términos prácticos, parece condenar a los tapatíos a convivir todavía por años y felices días con sus entrañables carcachas —lo de “felices días” es un decir—... y a “darles el golpe” a sus emanaciones todo el santo día.

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