Viernes, 21 de Junio 2024

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Calderón: última llamada

Por: EL INFORMADOR

En el mensaje del fin de la primera mitad de su gobierno —e inicio de la segunda—, Felipe Calderón parece invitar a los ciudadanos a reeditar su gestión, con todo lo que eso significa.

Esa sensación se desprende no sólo de algunas partes reveladoras del discurso —“puedo decirles que cada día que inicia, cada día de gobierno representa un nuevo comienzo”—, sino por la curiosa reedición de las más cacareadas reformas de la primera mitad de su gestión. ¿Cuáles fueron las reformas que más alardeó el Gobierno de Calderón en el primer trienio?

Todos recordamos la electoral, petrolera y fiscal. ¿Y cuáles son las reformas más importantes que propuso en su mensaje del pasado domingo? Ésas; la electoral, petrolera y fiscal. Todo indica que Felipe Calderón pretende “un nuevo comienzo”. Y de resultar cierta la hipótesis, entonces podemos aventurar que el propio Presidente reconoce que en la primera mitad su gobierno falló, fue insuficiente o fracasó.

En días previos, Calderón había hablado de “cambiar el rumbo”. El domingo no sólo propuso “un nuevo comienzo”, sino que habló de reformas de “nueva generación”, cuando ni siquiera se han aplicado las más recientes —por lo menos en el caso de Pemex—, y otras como las fiscal y política resultaron obsoletas ante la realidad.

Es de sabios cambiar, dice la voz popular. Pero también es cierto que en política y en el ejercicio del poder, los días, las semanas, los meses y los años son como agua de río; siempre distintos. Y si Gobierno y Presidente no lograron sacar en la primera mitad de su gestión las reformas electoral, petrolera y fiscal que entonces requería el país y que hoy reclama la nueva realidad, menos podrán sacarlas en la segunda mitad. ¿Por qué?
Porque la realidad política es totalmente diferente, porque hoy el PRI tiene el control casi total del Congreso —el PAN tiene una minoría penosa—, y porque el interés de la clase política se focaliza en dos momentos político electorales clave: la renovación de casi un tercio de los gobiernos estatales para 2010, y la sucesión presidencial de 2012. Está claro que el Presidente sabe que es casi imposible remontar todas esas realidades. Lo que resulta una incógnita, en todo caso, es cómo piensa cambiar el rumbo, si va contracorriente.

En el fondo, Calderón parece decidido a no pasar a la historia como un presidente más. El problema es que lo decidió muy tarde, cuando enfrenta la última llamada. Lo curioso de todo es que —por lo menos en la reforma política— sus reformas son realmente de avanzada; limitarían en serio la insultante partidocracia. Por eso volveremos al tema.

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