Jueves, 23 de Octubre 2025

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Burocracia e ineficiencia

Por: EL INFORMADOR

En Estados Unidos, el programa “Cash for Clunkers” (dinero por chatarra) provocó que en un mes salieran de las calles de ese país alrededor de 700 mil vehículos usados o deteriorados. En México, el Programa de Renovación Vehicular apenas ha logrado en dos meses la chatarrización de mil 300 automotores, de los 33 mil 300 que esperan.

En la Unión Americana, el programa repartió tres mil millones de dólares, bonificando con hasta el equivalente de 53 mil 600 pesos la destrucción de un auto deteriorado. En nuestro país, los fondos son de 500 millones de pesos, y la bonificación es de 15 mil pesos por unidad.

Pero no son estos aspectos tan contrastantes los que han inhibido en México que los propietarios de automóviles deteriorados se interesen en cambiarlos por otros nuevos, más eficientes y económicos. El problema de fondo es la burocratización con la que nuestros gobiernos suelen organizar sus actividades y programas. De acuerdo con el procedimiento definido por la Secretaría de Economía, el interesado tiene que hacer un peregrinaje de varias escalas para cambiar su auto. Idealmente le lleva tres días, pero hay casos en los que el proceso tarda hasta dos semanas.

En cambio, en Estados Unidos la persona llegaba con su automóvil viejo a la agencia, documentaba el cambio, y en menos de una hora podía salir del mismo lugar conduciendo un flamante modelo nuevo a su gusto.

El Programa de Renovación Vehicular, popularmente conocido como plan de chatarrización, no es malo. Por el contrario, es socialmente valioso que la iniciativa saque de nuestras calles y carreteras autos ineficientes y contaminadores; hasta “cafeteras” humeantes. Lo lamentable es que una buena idea se convierta en un Vía Crucis para la población, que debe recorrer un procedimiento donde es sospechoso de cometer fraude hasta que demuestre que es propietario legítimo de los autos para chatarrizar.

Esta tendencia tan mexicana, burocratizar los procesos, cuesta mucho dinero y muchos empleos para el país, porque cada trámite, así sea uno tan benéfico como destruir “chimeneas” andantes, termina por ser gobernado por quienes profesionalmente se dedican a la “tramititis”.

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