Sábado, 20 de Julio 2024

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Boda Real y modernidad

Por: EL INFORMADOR

Los tiempos actuales, los años prístinos del nuevo siglo y del novísino milenio, se están significando como tiempos álgidos, pletóricos de violencia, pero de una violencia magnificada de acuerdo con un modelo resultado de la llamada posmodernidad, en donde el trabajo es denostado, y el nuevo orden tiende hacia todo aquello que signifique la informalidad. No cabe duda, la humanidad está inmersa en el proceso irreversible de un nuevo orden político, económico y social.

Ahora bien, entre este contexto, ciertamente ciertamente complejo y lleno de inquietudes y de incógnitas, la parafernalia representada por los grupos de poder político y económico, con el propósito deliberado de distraer a la opinión pública, con todo ese formidable aparato publicitario que tiene como soporte, ni tarda ni perezosa ha montado un gran aparato para difundir por todo el orbe los detalles; las minucias de la llevada y la traída de la boda real del Príncipe Guillermo del Reino Unido, con una afortunada plebeya que responde al nombre de Kate, con lo que momentáneamente este hecho devuelve, por un momento, la confianza, el bienestar, la alegría a un país que fue gran potencia mundial y que ahora lucha por no precipitarse en la decadencia, y como si fuera poca cosa, está luchando a brazo partido, contra los estragos de una gran crisis que está depurando aún más a las clases trabajadoras, mientras, la realeza en un acto de protocolo derrochando grandes recursos públicos, se exhiben ante el mundo como lo que realmente es, la realeza, la monarquía, un modelo pasado de moda, y que choca contra los principios posmodernos.

Ya en su pasado histórico, el Reino Unido, siglo XVII, ha sido escenario de una revolución intensamente política que por un rato dio al traste con la monarquía. Crowel fue el autor de ese dislate, y contra viento y mares estableció, por corto tiempo, un gobierno republicano.

Pero pronto vendrá la restauración, después de la muerte de Crowel,  y sin más ni más Carlos II se convertiría en el nuevo monarca con todo y sus derechos y privilegios, salvo que ahora el monarca solo reinaría y quien gobernaría ciertamente, sería el parlamento. Y así, todos tan a gusto y tan contentos. Pero, hay que tomar en cuenta que los gobiernos monárquicos en éstos tiempos son obsoletos, y es en Europa donde se empeñan en conservarlos como meros símbolos, pero que al pueblo cuestan mucho dinero sostenerlos. Hay que aceptar pues, que representan una reminiscencia de los tiempos feudales, de donde también tienen su origen los títulos de nobleza, como el ducado de Cambridge, ahora otorgado graciosamente por su Majestad Isabel II a su nieto y a su esposa de origen plebeyo.

Pero, llama la atención que los nietos de Isabel II son vástagos de los tiempos modernos y se comportan como el común de los mortales. Conviven con el pueblo y sus amigos son pues de ese origen. La prueba está a la vista, pues primero Guillermo tuvo como pareja a la que ahora es su cónyuge, y después de cierto tiempo, decidió casarse con ella. Y la reina tan conservadora, tuvo que aceptar la conducta de su nieto. De todos modos, la dichosa boda real, sirvió de efímera distracción para buena parte de la distracción del mundo, en donde más que el boato rigor, se observó el esplendor típico de esos actos. La familia real inglesa, quiera o no, se está modernizando; de lo contrario se vería superada. Guillermo y su hermano Harry, lo están llevando a cabo...

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