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Miércoles, 16 de Octubre 2019
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“Bara, bara...”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS              

La democracia no es, por sí misma, una fórmula mágica. No es un cheque en blanco que garantice la felicidad de los ciudadanos que tienen el privilegio de vivir en regímenes suscritos a sus postulados. Si para que las sociedades accedan a la plenitud del bienestar bastara con la certeza de que los votos se cuentan con pulcritud, sería muy fácil —y económico, además— devolver a todo el planeta su prístina condición (según el Génesis) de Paraíso Terrenal. (Pero como nones...).

—II—

El creciente clamor a favor del voto nulo en las próximas elecciones, ha suscitado escenas contrastantes...

Un botón de muestra: Dulce María Sauri Riancho promueve la anulación del voto como “un acto de censura a todos los partidos y al sistema electoral”... ¿Por qué?.. Porque su larga trayectoria —ex presidenta nacional del PRI, ex gobernadora de Yucatán, ex diputada y ex senadora)— le permitió descubrir, según explica, “cómo se fue formando una estructura de control  electoral y político” que cayó “en manos de los poderes fácticos (...), grupos de poder que operan por encima de la ley y de las instituciones”.

Otro: Germán Martínez, presidente nacional del PAN, matiza: si los promotores del voto nulo quieren manifestar su hartazgo por la corrupción y la falta de transparencia de los gobiernos, por el costo excesivo y la ineficiencia escandalosa del aparato gubernamental, por el sistemático desdén de la burocracia dorada hacia las genuinas necesidades del pueblo, etc., “tienen razón”, afirma rotundamente.

Uno más: Carlos Navarrete, coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Senadores, admite la validez de la opción del voto nulo: “Es nuestra obligación (alude a los partidos) convencerlos (alude a los ciudadanos) con el perfil de los candidatos, la propuesta electoral, la propuesta legislativa. Y si no lo logramos —concluye—, la gente tiene derecho de mandarnos a volar a todos”.

—III—

La cereza en el helado, sin embargo, corrió por cuenta de los senadores de los tres partidos políticos “grandes”, al reunirse con líderes religiosos: los convocaron a ser “promotores de la esperanza” y a “difundir ánimos a la población que se encuentra desilusionada”. Total, si su especialidad consiste en prometer paraísos en la otra vida, ¿qué les cuesta prometer anticipos de esos paraísos en ésta?...

Y todo —“Bara, bara”, diría el inefable “Lagrimita”—... a cambio de un voto.

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