| Ayer decíamos... Por: EL INFORMADOR 20 de febrero de 2010 - 23:00 hs “La nueva guerra” Pues al señor Presidente don Felipe Calderón Hinojosa ya le gustaron las guerras, la más conocida, contra la delincuencia organizada que según nos dicen vamos ganando, aunque no han dicho a los cuántos muertos ya ganamos, digo, nada más para saber. Porque lo cierto es que a todos nos conviene que gane, ya que ganaríamos todos. No sé si él tenga sangre tarasca, lo que podía explicar su afán belicista. Así, el ínclito Primer Mandatario, al quedarse sin enemigos, porque parece que ya se los va acabar, ha establecido un nuevo frente de batalla, ahora el enemigo es nada menos que la gordura, de manera que si usted tiene una talla superior a 34, agárrese porque usted se ha convertido en objetivo prioritario con el que habrá de acabar el michoacano. En cuanto supe la noticia me fui a medir y mi talla fue 34, sólo que los pantalones talla 54 me quedan comodísimos. Ignoro en qué va a consistir la estrategia, pero habremos de temerla. Lo que no alcanzo a entender son las declaraciones que hacen las autoridades sanitarias —cuyas disposiciones me resulta claro que pueden ser dañinas para la salud— que afirman que más de 60% de los mexicanos sufren ser gordos y eso crea cargas al Estado por cuidados a la salud, y si esa afirmación es cierta, tenemos que ir al real tumba burros de la academia, cuya definición de normal afirma en una de sus acepciones “que sirve de norma o regla”, y cabe suponer que si la mayoría somos panzones, pues eso es lo normal y sería un claro caso en que pretenden imponer opiniones minoritarias, lo que resulta normal en un Gobierno que nos considera como menores de privilegio y quiere decirnos lo que tenemos que hacer o cómo vivir. Prefiero pensar eso a considerar que nuestro ínclito líder nacional considera que ser panzón, prieto y chaparro es denigrante para los mexicanos y por eso no nos toman en cuenta. La prueba de que nadie quiere a la gente así es que personas con esas características no aparecen en las revistas en las que aparece nuestro gran mundo social, que tanto gusta a muchos de nuestros hombres y mujeres públicos. Yo sé que lo ideal sería ser delgado, alto, rubio, así pareceríamos suecos, el problema es que no lo somos. Lo que aquí rifa depende de su estatus social, ya que salvo las inevitables excepciones, si usted es rico, será alto, rubio y lo más importante, delgado; si usted es pobre, será chaparro, prieto y panzón. En este mundo todos, a menos que estén dementes, querrán ser de los primeros, aunque no tengan dinero, ya que lo importante no es ser rico sino parecerlo. Pues en un acto que honra al tlatoani, apoya a las minorías (los flacos) en contra de la mayoría de panzones, pobres de ellos, tan contentotes a lo tarugo, creyendo que son felices cuando la verdad es que son terriblemente infelices y el Gobierno que es bien bueno, con su propio dinero, en vez de gastarlo en nómina e inversiones para crear empleos gasta mucho en curar las enfermedades de las mayorías, yo creo que para el jerarca debían desaparecer los pobres, los gordos y los viejos y debían hacerlo en mayor grado si reúnen dos o más de los mencionados defectos, eso ya es un abuso, una gorronería, como si el dinero del Gobierno fuera para cubrir necesidades del peladaje. Nuestro epónimo Primer Mandatario, como no vive en este país, no sabe u olvida los refranes que constituyen la sabiduría popular como “al que es panzón aunque lo fajen”, o el que afirma que “genio y figura hasta la sepultura”, y la figura a la que refiere es la corpórea. Me parece que como buenos súbditos debemos seguir a nuestro amado líder en esta nueva lucha, no importa que por nuestra incapacidad no entendamos el porqué de estas acciones, pero lo nuestro es obedecer y callar. Los que no va a ser tan fácil que callen son los dueños de algunos productos considerados como productos chatarra, algunos con un sistema comercial paradigmático (me siento elegantísimo escribiendo esta palabra) y un bello osito como marca comercial y que se dice, se rumora, se chismea o se inventa que son de los grandes donantes de candidatos del partido del jerarca, o también los fabricantes internacionales de botanas o las cadenas de tortitas gringas. Ya veremos dijo un ciego. Propongo que siguiendo a nuestro líder propongamos a nuestros padres conscriptos que acabemos con ese flagelo y por tanto prohiban la producción, venta y distribución de esos dañosos productos; si son dañinos simplemente el Estado no puede permitir su proliferación, pues de hacerlo se convertiría en cómplice de la venta de esos productos que serán armas contra la salud de la bola de gordos, así que es imperativo prohibir cualquier forma de alimentos ricos en grasa animal, carnes rojas, garnachas y fritangas, y hay que estimular a la bola de marranos para que no sigan matándose. De la misma manera que se prohibió a los fumadores expeler su sucio humo en los restaurantes (lo que no entiendo es por qué lo prohiben en los baños, será para que no se pierda el olor) debemos prohibir a los gordos entrar en esos sitios, los restaurantes, no los baños. Requiere una inversión mínima, una cinta métrica, si el cliente mide máximo 84 centímetros de cintura puede entrar, si no, cero tolerancia, simplemente no entra. CARLOS ENRIGUE / Abogado. Correo electrónico: ayerdeciamos@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones