Jueves, 06 de Noviembre 2025

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Por: EL INFORMADOR

“Y todo sigue igual”

 Esta semana leí un magnífico libro de historia, y me estaba dando cuenta de lo parecidos que son los actos humanos, cambia sólo la escenografía, pero por lo demás es muy parecido todo; el libro lo escribió Ludwig Friedlaender y se llama “La sociedad romana: Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto hasta los Antoninos”, lo editó en 1984 el Fondo de Cultura Económica. Desde luego que como toda generalización, admite excepciones, sólo con el propósito de que cada aludido diga “ yo no soy de esos” y en consecuencia actos idénticos tienen diferente valoración moral, y así lo que hacen los sucios es robo, el mismo acto hecho por un puro es negocio. Es lo mismo pero no es igual.

A propósito del ambulantaje del que hablábamos hace algunas semanas, este autor escribió sobre la ocupación de las calles por los comerciantes romanos: “Toda Roma se ha convertido en una inmensa barraca; los comerciantes y tenderos, los carniceros, taberneros y barberos se han incautado de todas las calles de la ciudad, hasta el punto de que ya no se ve el dintel de ninguna puerta. Aquí aparecen colgados y atados a la pilastra de una casa los cántaros de vino, allí vemos a un barbero manejando la navaja en medio del tráfago de la gente, en plena calle; los hornillos humeantes y tiznados de negro ocupan toda la acera, obligando a los pretores a marchar sobre el barro del arroyo”. No sé si a usted le recuerde algún lugar en el que haya vivido o le hayan platicado, porque lo que es aquí prácticamente eso no existe.

Respecto a las ayudas gubernamentales que tan generosamente se muestran en la incontable publicidad oficial y el desvergonzado crecimiento de la clase burocrática partidista, este autor comentaba que en esa urbe “Las que mejor paradas salían en el disfrute de la plétora de ventajas, estímulos y espectáculos que brindaba la capital del mundo antiguo eran, evidentemente, las capas más altas y las más bajas de la población. La inmensa mayoría de los varones libres vecinos de Roma se alimentaba total o parcialmente a costa del erario público”. Entonces, sólo los burócratas eran considerados como seres libres, los demás eran esclavos. En castellano, esclavo se traduce del romano por infelizaje, que lo constituimos los que no recibimos ayudas ni prebendas del gobierno, ya sabemos que de él sólo podemos esperar puras friegas.

Ahora que quien del gobierno vive a los del gobierno tiene que lambisconear, renunciando a cualquier rasgo que pudiera considerarse como dignidad. A mí me da mucha risa cuando alguien se encuentra en un restaurant, por ejemplo, con un alto funcionario y luego comentan: me encontré con el Maestro Churrumáis, secretario de no sé qué y es muy sencillo, llegó y se tomó una copa. Yo no sé qué esperaban, a la mejor creían que iba a entrar a la cantina rayando el caballo y gritando deme un tequila y a mi caballo lo que pida. Nuestro autor comenta que en Roma “Son muchos los que al levantarse por la mañana meditan a cuál de los personajes o servidores de la corte rendirán pleitesía, a quién dirán algo agradable, a quién obsequiarán un regalo o cómo conquistarán el favor de unos hablando mal de otro”.

Era tanta la barbeada, que cuenta de un funcionario “que se hacía el dormido a la mesa para no ver cómo su mujer coqueteaba con Mecenas; pero cuando un esclavo se disponía a retirarle el vino, le dijo: “Sólo estoy dormido para Mecenas”. ¿Se dará en nuestro entorno?

Ahora que no resulta sencillo llegar a los dulces puestos, es muy difícil. Friedlaender aconsejaba que “Si quieres llegar a ser senador, tienes que interrumpir tu sueño y echarte a correr la calles, besar muchas manos, rondar delante de muchas puertas ajenas, decir y hacer muchas cosas indignas de un hombre libre, enviar numerosos regalos y obsequiar algo todos los días a mucha gente”.

No sé si se haya enterado de que cuentan, dicen, se rumora que existen sitios donde se venden medicinas de alto precio a muy bajo precio, dicen que son robadas y yo creo que son buenas, porque los proveedores son entidades públicas, de las que algunos empleados completan sus ingresos al tiempo de que hacen su negocio. En Roma “La venta de medicamentos era tanto más rentable para los médicos cuanto más generalizada se hallaba la idea de que los remedios más caros eran también los más eficaces; mucha gente rica rechazaban con desprecio los medicamentos baratos, por eficaces que ellos fuesen”. Por eso muchos prefieren comprar barato medicinas buenas que no tomarlas por no poder pagarlas. Quienes ahí las compran creen que ése y no el de los falsos anuncios es el seguro popular.

A los mandatarios que quieren ser obedecidos, nuestro autor les dijo que “la admiración es uno de los mejores caminos para conseguir que los pueblos se entreguen por entero a la voluntad de su monarca”. Por eso quiere aprovechar la popularidad del Macrobús para ganarse la voluntad de los súbditos.

En la guerra contra las fuerzas del mal y la delincuencia organizada, dicen que vamos ganando en virtud de que el número de muertos ha crecido. No hay que olvidar que “ en los imperios pasa como en los cuerpos: las enfermedades son más peligrosas cuando se contagian por la cabeza que cuando arrancan de otro miembro cualquiera”. ¿Será el caso?

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