Jueves, 23 de Enero 2020
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Autopsia de la democracia mexicana

Por: EL INFORMADOR


Se nos va de las manos, porque está infectado del virus de la abstinencia y la anulación de votos. Está intoxicado de campañas pueriles y sin sentido. Una inversión que no ha dado frutos en la credibilidad de los votantes. Se acaba su fe en el sistema.

Nunca supo quién era su representante y qué es lo que se supone debería de hacer por el ciudadano. Dio su voto a ciegas, y en el mejor de los casos, creyó en falsas promesas.

Fue sufriendo de dudas y confusiones por tanta corrupción que ha escuchado. Fue contundente cuando algunos de los contendientes lo han descalificado sistemáticamente, acusándolo de fraudes y robos.

La clase política ha desgastado la confianza del pueblo, ha abusado de su muy escasa disponibilidad para colaborar. Se ha enquistado en el presupuesto y vive a costa de los impuestos, sin dar resultados por su trabajo.

Las nacientes instituciones que la defenderían, dejaron de estar en manos de la ciudadanía para convertirse en un nuevo botín de los partidos políticos.

El pueblo ha dejado de ser el dueño del escenario, y una vez más las oligarquías se apropian del poder para satisfacer sus intereses de grupo.

La democracia se asfixia con una superficial mercadotecnia, pletórica de “slogans” propios de papitas y de comida chatarra.

Los abstemios reclaman un espacio para demostrar que ya no quieren seguir el juego; no quieren ni asistir al estadio de las mentiras y a los duelos estériles por el bienestar del pueblo. Sus motivos son comprensibles, se ha agotado su paciencia y tolerancia. No creen en ninguno de los participantes. Prefieren ignorar su llamado y no asistir al teatro de las falsedades, para legitimar algo que ya no funciona.

Debería de preocuparse el cantante, porqué el público ya no quiere asistir a escucharlo, en vez de recriminar su ausencia. Algo está haciendo mal. Se le ha ido la voz o ya no canta la verdad.

La gente tiene el derecho de votar, y también el dejarlo de hacer. La displicencia y el silencio son un castigo a los explotadores. Sólo los tiranos obligan a sus pueblos a votar para justificar su permanencia en el poder. Vil manera de manipular a las masas con la ley en la mano.

Si no me siento incluido, te doy la espalda y me retiro. No quiero darte mi apoyo, no hay justicia. Es preferible apartarse del lodo y el hedor a podrido, que quedarse a olerlo.

Simplemente anulo tu propuesta, que se tire al caño tu esfuerzo, no quiero decidir por lo indefinible. Que se rompa mi boleta y que se contabilice mi inconformidad. Que se sepa que ya estoy cansado. No creo en nadie.

La democracia no anda bien, está enfermándose rápidamente, tenemos que hacer algo urgente por atender a los excluidos y a los marginados. Se multiplican y ya no quieren ni cooperar.

De seguir así, los gobernantes y los diputados tendrán que aceptar que el pueblo no los apoya más. Sólo una ridícula e insignificante minoría.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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