Sábado, 11 de Octubre 2025

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Austeros

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Recapitulando: cuando andan por ahí, mendigando votos (primer acto del sainete), los candidatos a diputados dicen que sí; que por supuesto; que comparten la indignación del ciudadano común; que ellos también consideran ofensivo que se derroche tanto dinero del erario en las campañas; que es inmoral que se produzca tanta contaminación visual y auditiva de la peor ralea... y tan cara. Ofrecen —“si el voto popular me favorece”, recitan los muy hipócritas— “recoger” esa inquietud, convertirla en ley y corregir, para lo sucesivo, el dispendio que significa malgastar en basura químicamente pura el dinero del pueblo.

Después, ya apoltronados en su curul (segundo acto de la farsa), dedicados de tiempo completo a verles la “P” en la frente a los ciudadanos, se sacan de la manga engendros como la reciente reforma al capítulo electoral de la Constitución local, y particularmente el apartado que establece quintuplicar —es decir, multiplicar por cinco— las aportaciones del erario para los partidos políticos (que ocupan, por señal, el último lugar en las encuestas en materia de respetabilidad social).

Posteriormente (tercer acto de la mojiganga), ante la comedida invitación del gobernador del Estado a replantear ese punto, por el sacrificio que implicaría de verdaderas prioridades y por la coyuntura de la inminente crisis económica que ni siquiera a Jalisco va a respetar, los jerarcas de los partidos acceden, generosamente, a hacer concesiones. (Que alguien que va a quintuplicar sus percepciones acceda a “sacrificar” 10, 20 o hasta 50% del incremento, obligaría al ciudadano bien nacido a agradecerles, rodilla en tierra, su sacrificio rayano en el heroísmo).

—II—

En consonancia con esa filosofía, en el Ayuntamiento de Guadalajara la regidora Celia Fausto propone un plan de austeridad (el enésimo de que se tenga memoria) para recortar las partidas de viajes, publicidad, papelería, teléfonos, gastos de representación, cenas y “eventos especiales” de la burocracia dorada.

—III—

Quizá no venga al caso, pero si Dios (o el pueblo...) castigara a los “servidores públicos”, obligándolos a vivir de su trabajo honrado, y todos ellos se postularan para ocupar plazas en que se les ofrecieran “sueldos según aptitudes”, es de temerse que muchos, en el gremio, estarían condenados a morirse de hambre...

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