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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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Austeridad presupuestal

Por: EL INFORMADOR


Frente a los estragos que ha generado la crisis financiera mundial, la recomendación que con mayor frecuencia se escucha es la austeridad, y seguramente dicha austeridad o se acata o se impone por la fuerza misma de las circunstancias.

Todos los días la mayor parte de la población debe aprender lo que significa austeridad, porque lo que gana ya no le ajusta, o porque ha perdido el empleo uno o varios miembros de la familia y ahora habrá que vivir con el sueldo de sólo uno, o porque dejaron de llegar las remesas o ya no se puede vender lo mismo que antes; incluso se experimenta la crisis por el simple hecho de la enorme inseguridad frente al futuro próximo que paraliza toda decisión que implique un gasto. Hay pues una recesión real y una recesión psicológica que se agrava por la contundencia de los hechos.

Por lo mismo, la impresión de la sociedad frente al gasto público se vuelve mucho más severa, ya que el dinero que los funcionarios manejan, distribuyen y programan es el dinero de la sociedad que con crisis o sin crisis, empleada o desempleada, debe seguir pagando impuestos y servicios, lo mismo que los elevados salarios que los funcionarios se rayan pase lo que pase.

Ante un escenario semejante indigna el que los funcionarios públicos desprecien la austeridad y se sigan despachando presupuestos onerosos justo por la simple razón de que la crisis económica no es algo que ellos puedan entender, no la viven, tienen salario y trabajo asegurado, y aún frente al futuro inmediato, se han protegido con los sueldos desmedidos que perciben; por si fuera poco no es austeridad la palabra que se les viene en mente en vísperas de un año electoral.

En el Congreso se piensa igual, los señores diputados y su entorno no van a rebajarse el sueldo ante la problemática que vive la mayor parte de la gente, a sabiendas de que con el salario de solamente un diputado se podrían crear por lo menos 10 fuentes dignas de trabajo para enfrentar la crisis del desempleo que hoy tenemos, sin contar con todo lo que se paga en el Congreso a los asesores y demás servidores que constituyen el entorno legislativo.

Tales actitudes se explican desde la crisis de valores que vive la función pública; temas como la corresponsabilidad social, el compromiso real con los marginados, la equidad salarial, la honestidad, la justicia y la misma austeridad no forman parte de su currículum, y en cambio se apuntan notables logros en lo que mira al afán de riqueza, a la ostentación, a la deslealtad interesada, a la mendacidad cotidiana, al dispendio y la deshonestidad con que viven y laboran no pocos de nuestros representantes.

Nunca una crisis económica puede ser tan grave y desastrosa como cuando va precedida y acompañada de una crisis de valores profunda y reiterada como la que vive la sociedad mexicana; mucho se quiere hacer en todas partes para paliar la crisis económica, pero ¿qué se hace para frenar la crisis de los valores?

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

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