Lunes, 03 de Noviembre 2025

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Aposentos acuosos, liderazgos escasos

Por: EL INFORMADOR


Crecer no es lo mismo que desarrollarse. Nuestra ciudad sufre por no haber entendido esto. El crecimiento urbano desordenado que hemos vivido aquí ha sido principalmente para incrementar el número de viviendas de “casas habitación”, desechando el sensato desarrollo de “comunidades urbanas” de forma natural. No son lo mismo. Últimamente, aquí nos equivocamos por mucho.

La ciudad sigue creciendo deliberadamente, haciendo caso omiso de lo que ya se le había advertido (desde su primer plan de ordenamiento territorial que data al final de los años setenta) sobre los peligros eminentes en no respetar y distinguir entre lo que sí se podía y lo que no se debía hacer. Sin importar el nivel cultural, educativo o socioeconómico de quien lo hace, se construye por doquier en forma caprichosa sobre cauces de agua, terrenos inestables, laderas inapropiadas y zonas desprovistas del equipamiento básico necesario para fomentar una vida comunitaria sana.

Sobresale a primera vista lo poco que se aprende sobre los errores (propios y ajenos) como si nunca nada hubiera pasado ni nadie hubiera ya padecido sus consecuencias. Se repiten los tropezones urbanísticos que se han vuelto la regla normal de cómo hacer las cosas. Los medios de comunicación suelen representar las desgracias consecuentes más bien como escándalos de irresponsabilidad gubernamental o como lamentos ante la mala suerte de las fuerzas naturales. Si los fraccionamientos se inundan, el culpable es el agua que peca de demasiado húmeda. Esquivan la responsabilidad quienes permiten, quienes diseñan, quienes construyen, quienes venden, quienes financian, quienes anuncian, quienes compran, quienes simplemente observan.

Desde hace buen rato se reconoce oficialmente que el principal desafío para el desarrollo equilibrado y sustentable de nuestro Estado ha consistido en alojar a los cientos de miles de nuevos jaliscienses, proporcionándoles a todos “las oportunidades de vivienda, trabajo, seguridad, convivencia y servicios públicos”. Todo esto abiertamente reconocido en el marco de un medio ambiente muy desmejorado, con una preocupante insuficiencia del presupuesto público y ante una capacidad gubernamental desgastada. Con el ávido fomento de fraccionamientos habitacionales abaratados, aquí resultó más caro el remedio que la enfermedad.

Lamentablemente, el alivio tapatío además se excusa reconociendo que no estamos solos en esta condición. Engañosamente nos conforta saber que también nos acompañan en la misma trágica circunstancia otras ciudades del país. Compartir el mal de muchos se ha vuelto consuelo para algunos.

Cada tantos años, los grandes planeadores de lo urbano aquí repiten lo mismo: “Deberíamos reordenar, con criterios sustentables, la región central de nuestro Estado”. El problema es que los engranes del crecimiento urbano aquí no tienen reversa. Más bien están trabados con la obstinación de un burro que “agarra monte y nada lo detiene”.

El misterio nos incita al afán por entender que, habiendo tenido todos los elementos básicos para desarrollar una excelente ciudad a partir de su esencia histórica muy bien asentada, ¿cómo es posible que se haya preferido hacer el peor uso de nuestro potencial? Se ha dado una desastrosa combinación de unas políticas públicas que favorecen la construcción de viviendas desarraigadas, con recursos económicos irresponsablemente liberados, con un desprecio a la comprensión racional del territorio, con una insuficiencia de talento profesional y sobre todo con una falta de apreciación del bien común y de amor a la ciudad. Quienes pudieron y debieron orientar el desarrollo en forma adecuada se vieron distraídos por las ambiciosas promesas y oportunidades cortoplacistas para acaudalar su patrimonio personal, económico y político. Desde luego, ésta es una actitud normalmente esperada de cualquier gente común y corriente que busca “mejorarse” sobre esos valores. El problema estriba en que una ciudad con potencialidades
excepcionales como las que tuvo la nuestra, ha requerido de liderazgos también excepcionales para encauzarla hacia su mejor destino. Un bien, al parecer aquí demasiado escaso ante los males que sobran.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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